Daños colaterales

Rusia y China, unidos de nuevo

Hace casi 70 años, en agosto de 1944, China ingresaba a las ligas mayores de las potencias mundiales, cuando junto con Estados Unidos, Gran Bretaña y la entonces Unión Soviética (URSS, 1921-1991), formó parte de los así llamados “cuatro grandes”, que en la mansión Dumbarton Oaks, en Washington DC, definieron la creación de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, con el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes (de la mano de Francia).

Cinco años después, el 1 de octubre de 1949, se declaró formalmente constituida la República Popular China, que antes de que acabara ese año ya  había establecidos relaciones diplomáticas con una decena de países, el primero de ellos la URSS de José Stalin, quien mantendría buenas relaciones con el líder de la revolución china, Mao Zedong, fundador de la nueva república y único “timonel” hasta su muerte en 1976.

De hecho, el primer viaje de Mao al exterior, el 16 de diciembre de 1949, fue a Moscú, y dos meses después se firmaba el Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua el cual ha sobrevivido a seis décadas de relaciones, a pesar del distanciamiento de Pekín tras la muerte de Stalin (1956) y el viraje de la política rusa. Pero la lejanía sirvió a China para diversificar sus socios comerciales y tecnológicos, entre ellos Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña, lo que favoreció un avance sustancial en su desarrollo.

El amplio proceso de reformas a partir de 1979, tras el XI Congreso del Partido Comunista chino, que encumbraría al disidente del maoísmo, Deng Xiaping, al frente del antiguo Imperio del Centro, encuentra aún distanciados a Pekín y Moscú hasta la visita de quien sería el último líder soviético, Mijail Gorbachov, en 1989, en un intento de acercamiento entre las dos mayores potencias comunistas. Esto sin duda causó alarma en el Pentágono y la alianza militar occidental, la OTAN, como recuerda Romer Cornejo en el imprescindible libro Historia mínima de China, coordinado por la profesora Flora Booton Beja, ambos de El Colegio de México (2010).

La misma alarma que ha de haber causado ayer el encuentro del nuevo líder chino, Xi Jinping, con el tres veces presidente ruso, el autócrata conservador Vladimir Putin —de quien el primero, se sabe, es gran admirador— a fin de aumentar y consolidar sus relaciones estratégicas en todos los ámbitos; precisamente cuando el vínculo de EU con ambos líderes se sigue deteriorando, y Rusia y China —que en 2015 podría desplazar a EU como primera potencia económica mundial— se muestran de nuevo juntos como rivales del deteriorado  imperio  norteamericano.