Daños colaterales

Nicaragua: Claudia Selser ya es parte del viento

Este 8 de enero, a 36 años del asesinato en Nicaragua del periodista y político Pedro Joaquín Chamorro –cuya muerte a manos de la dinastía somocista el 10 de enero de 1978 aceleraría su propio fin- soltamos al viento, frente al mar verdeazul de Huehuete, en Carazo, las cenizas de mi hermana mayor. Ese había sido su deseo cuando, dos años antes, hicimos lo propio con las cenizas de mi padre sobre esa misma arena mansa, que el miércoles volvió a reunirnos impensablemente poco antes del atardecer.

Y aunque en septiembre pasado, a raíz del deceso de Claudia en Buenos Aires, el gobierno de Nicaragua solicitó a mi familia participar en estas exequias, como otra forma de tributo al amor de Gregorio Selser por Nicaragua y la antigua gesta de Sandino y del FSLN, optamos desde luego por esta cita íntima de nosotros con ella y el mar.

Un puñado de cenizas con sabor a grisura y pequeños trocitos blancos difíciles de retener entre los dedos, que uno a uno fuimos lanzando al viento en medio de rezos silenciosos y una única oración dicha en voz alta que mi hija mayor repitió a pedido de Marta, mi mamá, que se quedó en Managua, imposibilitada ya de hacer el recorrido de una hora y media hasta el mar. Ella cumplirá 91 años el 25 de enero, una fecha que se anticipa triste pese a la fortaleza de su espíritu, obstinado en seguir de pie no obstante la flacura de sus huesos.

“Siempre estaremos juntas”, fue el mensaje a mi extrañada hermana, corresponsal de MILENIO en Buenos Aires, que mi mamá le encargó a la brisa y que su hijo Tomás se ocupó de repetir después de que viéramos pasar un grupo de pelícanos en perfecta alineación sobre las olas.

Claudia se quedó en esta playa, como nos lo había pedido casi jugando el 10 de enero de 2012, cuando llegamos hasta aquí para dejar en libertad las cenizas de Gregorio, fallecido en México en 1991. “Yo también quiero”, dijo, mientras de la urna de cobre que había viajado conmigo en avión envuelta en un suéter de él y una pequeña bandera argentina, la esencia de mi padre se disolvía en libertad.

Claudia Selser se liberó de su cuerpo adolorido y ahora ya es parte del viento en esta Nicaragua que tanto nos dio y nos significó como familia por su extraordinaria historia de lucha pero también por su gente tan entrañable, y que a la vuelta de los años nos sigue marcando como en este enero coincidente en lágrimas y evocaciones. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del diario La Prensa, fue acribillado a balazos en el mismo lugar de Managua donde este 10 de enero fue colocada la placa del monumento en su honor. Considerado Héroe Nacional y Mártir de las Libertades Públicas, Chamorro luchó toda su vida como conservador demócrata contra la larga dictadura somocista y de hecho mi padre escribió el prefacio a una de sus obras, Estirpe sangrienta: los Somoza (1959), poco después de haber publicado desde su lejana Buenos Aires, Sandino, General de Hombres Libres (1955), un libro que los líderes del Frente Sandinista, fundado en 1961, consideraron emblemático y que aún hoy tiene vigencia en este pequeño territorio de Centroamérica, donde algunos de los líderes que dirigieron la revolución de 1979 manejan el poder con un estilo autoritario y centralista que según el sandinismo crítico está sembrando las semillas de una nueva dictadura.