Daños colaterales

“En Argentina, o cambiamos o nos vamos al diablo”: Bonasso /I

Conocido en México en los medios políticos y de prensa por su exilio durante la última dictadura argentina (1976-83), el periodista y escritor Miguel Bonasso (74), ex militante del grupo armado peronista Montoneros y ex diputado nacional, fue el primero hace dos semanas en acusar a las “mafias del poder” por la muerte del fiscal federal Alejandro Nisman (51) el 19 de enero, que investigaba desde hacía una década un atentado antijudío en Buenos Aires (1994). 

En entrevista en México con Carmen Aristegui y en Buenos Aires con Radio Continental, Bonasso dijo el día 20 que “o los argentinos tenemos el coraje cívico de cambiar una democracia representativa que ha conducido a la conformación de una clase política mafiosa o nos vamos al diablo”.

Autor, hace 30 años, de la polémica pero emblemática novela testimonial Recuerdos de la muerte, la primera en abordar los crímenes de la dictadura en la escuela militar y centro de torturas de la ESMA, Bonasso se opuso junto a otros grandes de su generación, también peronists, como el poeta Juan Gelman, premio Cervantes de Literatura y colaborador de MILENIO, fallecido en 2014 en este país, y su entrañable amigo común, Rodolfo Walsh (1927-1977), asesinado por la dictadura, a la vía armada y pugnaron porque Montoneros profundizada su línea de masas.

Convertido en crítico del gobierno peronista de Cristina Fernández de Kirchner, al cual votó en 2007, Bonasso publicó en 2011 El mal. El modelo K y la Barrick Gold. Amos y Servidores en el saqueo de la Argentina, donde desnuda, en sus palabras, el “vínculo perverso entre la política argentina y las corporaciones”. Ahora acaba de publicar Lo que no dije en Recuerdos de la muerte (Sudamericana) en donde, de manera premonitoria, la tapa del libro muestra la imagen de la República con un hilo de sangre en su boca,

Hoy precisamente se inicia en el Senado argentino la discusión sobre la reforma de los servicios secretos, a los cuales tanto Bonasso como más tardíamente la presidenta Fernández de Kirchner y también la CIA responsabilizan por la muerte, que no suicidio, del fiscal argentino, él también de origen judío.