Psi y que

Coachismo ambulante

Lamentablemente la siguiente historia no es un cuento; es un ejemplo paradigmático de cientos de instituciones en su afán por alcanzar cierto grado de desarrollo organizacional. Érase un "coach" que impartía talleres vivenciales, conferencias interactivas y "asesorías" empresariales una vez por semana unas cuantas horas al personal docente, directivo y administrativo de una organización, las cuales concluyeron con nulos resultados organizacionales y/o educativos, pero sí con la polarización del personal, el despido masivo de infinidad de colaboradores y un terrible gasto financiero. Nunca pensé que mi disciplina; la psicología, se convertiría en una poderosa herramienta de la "explotación tecnocrática" y en la prostituta del neoliberalismo teniendo como cómplice al coaching. El coaching expresa el triunfo del pensamiento empresarial y la transformación del hombre en un simple "stock" de recursos psíquicos al servicio del imperativo socio-económico. En este sentido, infinidad de coaches me comparten que en realidad, el coaching es un proceso gentil y respetuoso del desarrollo humano, que incluso existe una organización internacional icónica que los avala; la Asociación Profesional del Instituto de Coaching de la Universidad de Harvard y que, por tanto evite demonizar sus prácticas "legítimas" de acompañamiento personal.

Yo sigo preguntándome ¿cómo las personas pueden dejarse instrumentalizar en un mundo que trata a los hombres como cosas u objetos? El coaching es el mecanismo más eficiente de adaptación social y su popularidad contrasta ante la nula reacción de los profesionales y organizaciones de la salud mental y, tal indiferencia colegiada confirma que la psicología se está convirtiendo en una ciencia que le interesa muy poco la posibilidad de cuestionamiento filosófico de la propia disciplina, por lo que le otorga al hombre, y por consecuencia a su proyecto mismo de mente y conducta, un carácter meramente utilitarista sin preguntarse jamás a quién sirve dicha utilización.

La infraestructura y modelo de negocios del coaching muestran una profunda infiltración en instituciones educativas; particularmente universidades, partidos políticos, dependencias del gobierno y hasta en empresas privadas. El problema es doble; las empresas suponen requerir del coaching como estrategia de mejora y no reflexionan a profundidad sobre ¿qué es lo que realmente necesitan y para qué lo requieren? Quizás les resultaría más útil y conveniente invertir en mecanismos para atraer, seleccionar y retener a su talento humano, en evaluaciones 360 grados, intervenciones de aprendizaje organizacional, benchmarking, clima laboral, estrategias de compensación, diseño de océanos azules, engagement, planeación prospectiva, marketing corporativo, diagnóstico de necesidades de capacitación, en el diseño de programas que garanticen procesos pedagógicos y formativos permanentes para sus colaboradores, en la consolidación de sus departamentos de salud mental, psicopedagogía o tutoría, en una indispensable consultoría ética, en la mejora de su cultura organizacional e incluso en la implementación de servicios de counseling, mentoring o psicoterapia individual, familiar o grupal y para todo ello; NO necesitan un coach. En la industria del coaching, abundan los pseudoformadores, los títulos apantallantes, las acreditaciones sin validez, los cursos de formación "express" y la posibilidad de contratar pseudoprofesionales que jamás comprendan las causas de un problema y sólo se centren en disminuir o maquillar sus efectos, así que parafraseando a Peter Senge, reflexiona… "Dime cómo se sienten tus colaboradores y te diré cómo se sienten tus clientes".

Twitter: @HectorCerezoH