Duda razonable

Taxistas protestando contra el futuro

Barcelona, España. El miércoles no circularon taxis en esta ciudad. Ni un solo taxi. Tampoco circularon taxis en Madrid, Berlín, Londres, París y Milán. En algunas zonas y momentos fue el caos.

El paro de taxis europeo es en protesta contra el futuro.

O en sus palabras contra los nuevos servicios de transporte con base en aplicaciones en teléfonos que contratan choferes sin intermediarios ni licencia de operación como taxis.

La más famosa en el mundo es Uber, que opera en más de cien ciudades del mundo y está valuada en 18 mil millones de dólares; pero cada ciudad tiene varios de estos servicios. En la Ciudad de México yo he utilizado al menos tres diferentes.

Si usted no sabe de qué le hablo, le explico: en su teléfono inteligente, sea iPhone o Android, usted baja la aplicación. Cuando necesita un taxi la abre, lo pide, el sistema le dice cuánto tardará en recogerlo, le dice el nombre de su chofer, las placas y marca del auto en el que llegará; si le dice su destino, hasta calcula un estimado de precio. En algunos servicios se puede ver hasta la calificación que ha recibido de otros usuarios. En la mayoría de los servicios no hay intercambio de dinero, se paga con tarjeta de crédito o servicios como Paypal.

Los taxistas de Europa están que no pueden más. Los taxistas son una especie de pequeño club que se protege con regulación y pone múltiples barreras a cualquiera que quiera entrar al negocio. Por lo mismo, con diferencias y matices, pero en general esa protección les ha permitido deteriorar la calidad del servicio y poner los precios que quieran.

De repente la tecnología y una buena idea han hecho que el usuario pueda acceder a un mejor servicio. Y los taxistas, que por años han vivido en su burbuja de protección sobrerregulada, se quejan.

No está claro cómo van a reaccionar los países europeos. Algunas ciudades han prohibido el uso de los nuevos servicios, otros han dicho que no intervendrán. Pero sabemos cómo acabará la historia. Los usuarios ya han votado y la industria del taxi cambiará para siempre.

Veremos qué hace el Gobierno de la Ciudad de México, donde cada vez son más quienes aprovechan este servicio de transporte. Si prefiere entrometerse en este acuerdo entre dos particulares o prefiere voltear a otro lado y no apostar contra los ciudadanos, contra el futuro.


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