Duda razonable

Expertos en contabilizar tragedias

Vivo en un país que se ha vuelto experto en contabilizar sus tragedias. No en solucionarlas.

Tenemos en el Inegi una entidad poblada de profesionales que lo cuentan todo, y bien. Cuántos somos, cuántos trabajamos, cuántos no trabajamos. La pobreza o el (poco) ingreso producen índices y subíndices y censos y recuentos que nos dicen, sobre todo, cuánto nos falta, qué no tenemos, qué tan lejos estamos de tenerlo. Han hasta experimentado con nuevas formas de medir la victimización y miden muertes y homicidios.

Tenemos también una entidad, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que concentra y procesa cantidades de homicidios, dolosos y no, secuestros de todo tipo, el resto de los delitos y hace índices de incidencia y otros de victimización. Cuenta averiguaciones previas y reos en prisiones y los que se han escapado. Sabemos todo. Por mes y por municipio.

Tenemos, por supuesto, otro instituto que contabiliza lo mal que estamos en educación en todas las materias y ahora evalúa y cuenta maestros.

Y como nos recordaron ayer, tenemos también al Coneval. Que cuenta cuántos pobres y de qué tipo seguimos teniendo en México.

Le robo esta idea a Ricardo Becerra: en el futuro —no tan remoto— algún historiador quedará asombrado de cuántos datos esenciales, cuánta información y de qué buena calidad tuvieron en sus escritorios los responsables de la conducción del país, y la contrastarán con las decisiones que tomaron.

No tengo claro que salgan muy bien librados.

Ayer el Coneval dio a conocer su estudio sobre la pobreza en México. Los números son devastadores en el sentido que todo sigue más o menos igual. En algunas cosas peor, en otras un poquito, muy poquito mejor. La mitad de los mexicanos son pobres.

Pero si uno ve la serie histórica no es difícil darse cuenta de que algo hemos de estar haciendo mal. Y no ahora. No este gobierno, hace mucho tiempo.

Por ejemplo: la población con ingreso inferior a la línea de bienestar era el 53.1 por ciento en 1992 y era de 53.2 por ciento en 2014. Ha aumentado con las crisis y ha descendido con la bonanza petrolera de principio del siglo, pero hoy es la misma que en 1992.

Me pregunto si alguien en el gobierno alguna vez ve la misma gráfica que vemos todos y dice: ¿qué hemos hecho mal?

Porque dudo que se atrevan a pensar que tal vez se podrían hacer las cosas de otra manera.


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