El asalto a la razón

Los asaltos de ayer

Muchas interpretaciones pueden hacerse de algunos movimientos evidentemente sociales que, sin embargo, por explicables que sean o parezcan, asaltan la razón.

Nadie puede negar los motivos del surgimiento de autodefensas en Michoacán, pero es incomprensible que, habiendo suscrito con el gobierno federal un “acuerdo de institucionalización”, más de medio millar de milicianos hayan ocupado ayer Pátzcuaro (y otras localidades) con la desenvoltura con que marchan efectivos del Ejército y la Marina Armada en los desfiles patrios.

Lo mismo aplica para el hecho de que tanta gente (entre mil quinientos y dos mil), ayer también, marchara por las calles de algunas ciudades de Sinaloa para clamar por la liberación de Joaquín El Chapo Guzmán: por más que el narcotráfico tenga “bases sociales”, es difícil aceptar no que una cantidad semejante (o más) trabaje para una banda criminal, sino que esa planta laboral se manifieste públicamente, como si su demanda fuera, por decir lo menos, sensata. Y más incomprensible aún… ¡que fuera dispersada por la policía!

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