Argumentos a debate

Comprender la cruzada liberal y democrática de Octavio Paz

"Me parece que adorar o aborrecer a los héroes o a las figuras importantes del pasado es un ejercicio estéril, hay que comprenderlos" respondió Octavio Paz al periodista español Joaquín Soler Serrano durante una entrevista televisiva en 1977. En este esfuerzo de comprender a uno de los más grandes poetas mexicanos del siglo XX, la Cámara de Diputados le rindió un homenaje el jueves pasado a 100 años de su nacimiento. En presencia de su viuda, Marie-Jose Tramini, el Presidente de la Cámara de Diputados, José González Morfin, expuso que México no debe recordar a Octavio Paz sólo como el escritor y el Premio Nobel, como el insigne poeta y pensador, sino como el impulsor de una agenda democrática y de libertad en nuestro país. En efecto, esta faceta y no la otra es quizá la que exige comprenderlo mejor y apartarse de los maniqueísmos que, entre otras cosas, han impedido que su nombre aparezca en letras de oro en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados. Es esta parte de su biografía, normalmente incomprendida y plagada de mitos y falacias, la que produce una opinión tan divisiva como injusta sobre su legado. A Paz nadie le objeta ser el autor de algunos de los poemas claves en la historia de la literatura del siglo XX; el pensador que con El laberinto de la soledad aportó quizá más que sus antecesores al estudio de la identidad de los mexicanos; el ensayista que examinó como nadie la obra de Sor Juana Inés de la Cruz o el intelectual que llevó los pilares de la literatura mexicana a la India y el que divulgó las obras maestras de las letras francesas, estadounidenses y japonesas en México.

No obstante, su cruzada liberal contra el autoritarismo, el corporativismo y el pensamiento dogmático en el mundo político ha sido objeto de reclamos injustificados. Más allá de su denuncia de los excesos de los regímenes comunistas en China, Cuba y la Unión Soviética –lo que provocó la enemistad de una izquierda antediluviana que hoy apenas tiene seguidores- se le acusa con enorme ligereza de haberse convertido en un hombre fiel al antiguo régimen mexicano. Al contrario, Octavio Paz fue uno de sus principales críticos desde una posición política liberal. Su lucha fue, durante el gobierno de Echeverría, contra la represión y la intolerancia. Frente a gobiernos posteriores, Paz era una de las pocas voces que advertían sobre el nepotismo, los monopolios, el patrimonialismo, el presidencialismo sin contrapesos, las insuficiencias del estado de derecho y la hegemonía de un partido político. Ciertas voces tampoco le perdonan haber estado, en su momento, a favor de las reformas económicas liberales de los noventa. Lo suyo, sin embargo, fue siempre la congruencia. En 1991, precisamente, le decía en una misiva al Presidente luego de declinar homenajes públicos en su honor: "siempre he pensado que las relaciones entre el poder público y el escritor deben ser, a un tiempo, respetuosas y distantes". Lo importante ahora es aprovechar este centenario para que las nuevas generaciones conozcan y comprendan las distintas facetas de Octavio Paz. Que comprendan su lugar en la historia de México y en el proceso de apertura democrática, un esfuerzo colectivo que es también, en parte, una de sus obras maestras.