Cuba… sigue sin reformas

Los líderes de la isla ponen el freno al impulso de liberalización de la economía, luego de seis décadas de un gobierno hegemónico.
Raúl Castro se definiría como el transformador de su país, hasta que todo se puso en pausa.
Raúl Castro se definiría como el transformador de su país, hasta que todo se puso en pausa. (Cortesía)

El presidente cubano Raúl Castro se prepara para dejar el cargo el próximo año, Venezuela redujo millones de dólares en ayuda y la reciente elección de Donald Trump proyecta una sombra sobre la naciente distensión entre Estados Unidos (EU) y la isla. Nerviosa por los cambios, La Habana permitió que el impulso de su reforma interna se frenara, ya que el partido comunista se prepara para la tormenta.

Marino Murillo, el alto funcionario que dirige las reformas en Cuba, no habla en público desde hace casi un año. Su ausencia desconcertó a los cubanos y afectó las altas expectativas del impulso liberador de Castro que se fomentó alguna vez, tanto internamente como en el exterior.

“Hay tres razones para una pausa en las reformas, y digo pausa, porque las reformas continuarán en algún momento”, dice Richard Feinberg, académico de Cuba en la Brookings Institution en Washington. “El alto liderazgo se centra en manejar la austeridad y se prepara para la sucesión, ya que Raúl deja su cargo. También maneja la reacción en contra de la creciente desigualdad, los bajos salarios y la inflación”.

Castro hizo de las reformas el sello distintivo de su presidencia cuando sucedió a su hermano mayor, Fidel, en 2008. Buscó descentralizar la economía y aumentar la productividad al permitir el autoempleo, reducir la burocracia estatal, recibir la inversión extranjera y unificar el sistema doble de divisas de Cuba. Murillo, a quien se llegó a conocer como “el zar de la Reforma Económica” de Cuba, cuando lo nombraron ministro de Planeación y Economía en 2009, fue el tecnócrata a cargo de implementar los cambios.

De alguna manera, él y Castro construyeron un equipo de rotación que empujó a la apática burocracia de la isla hacia las reformas. Mientras que la estatura revolucionaria de Castro ofrecía una cobertura moral, Murillo ofreció largas presentaciones a los miembros del partido y del gobierno donde les explicó los cambios. Pero Murillo no ha dicho una palabra en público desde julio.

Al mismo tiempo, los controles de precios fueron golpeados por el floreciente sector empresarial privado en agricultura y transporte. El revés llega cuando Castro, de 85 años, se prepara para cumplir con su promesa de dejar el cargo de presidente el 24 de febrero del próximo año. Si lo hace, 2018 será la primera vez en seis décadas que Cuba no es gobernada por un Castro, aunque se espera que se mantenga a la cabeza del Partido Comunista y de las Fuerzas Armadas.

“De cierta manera, las reformas no fueron lo suficientemente lejos, pero al mismo tiempo han ido demasiado lejos”, dice Bert Hoffman, experto en Cuba del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales. “No lo suficientemente lejos como para elevar el crecimiento, pero lo suficientemente lejos como para que aumenten las desigualdades sociales, el costo de la vida va en aumento y el Partido Comunista teme el descontento que esto produce”.

Estas tensiones quedaron claras en un congreso del partido en abril de 2016, en el que se admitió que las reformas no lograron cumplir con las expectativas populares en términos de crecimiento económico, suministro de bienes y salarios más altos. De muchas maneras, Cuba ha estado aquí antes.

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A menudo se cortaron las alas de funcionarios reformistas después de que la gente de línea dura, que teme la pérdida de control, sofocó los impulsos liberalizadores. Pero ahora parece que Murillo todavía disfruta de la bendición oficial. Lo promovieron al poderoso Politburó en 2011 y permanece en la presidencia de la Comisión de Política Económica del gobierno.

La desaceleración de las reformas internas sugiere que el ala ortodoxa del Partido Comunista se fortalece, dice Carmelo Mesa-Lago, profesor emérito de economía de la Universidad de Pittsburgh y analista de Cuba. Considera que los opositores a las reformas utilizan a Murillo como chivo expiatorio para fortalecer su posición antes de que Castro deje el cargo.

Desde hace mucho tiempo, Venezuela suministra a La Habana 100,000 barriles de petróleo subsidiado al día, pero las crisis económicas y políticas de Venezuela la obligaron a reducir los envíos casi 40%. En gran medida como resultado, la economía de Cuba se redujo casi 1% en 2016, con lo que entró en su primera recesión desde el colapso de la Unión Soviética.

En otro revés para los reformistas, Trump prometió reevaluar la distensión que comenzó bajo su predecesor, Barack Obama, aunque el presidente de EU todavía no lleva a cabo medidas concretas. Algunas empresas estadounidenses redujeron su entusiasmo inicial sobre las oportunidades en Cuba.

En una encuesta privada, algo poco común que se realizó en Cuba a finales del año pasado, elaborada por el grupo independiente de investigación NORC de la Universidad de Chicago, 46% describió la economía como “mala o muy mala”. La mitad de los cubanos encuestados dijeron que querían salir del país.