Stanley Kubrick, un hombre de familia

Katharina Kubrick, hija del cineasta estadunidense, habla sobre sus años de infancia y juventud junto a uno de las más grandes genios de la cinematografía mudnial.
Katharina Kubrick, hija del cineasta estadunidense.
Katharina Kubrick, hija del cineasta estadunidense. (Especial)

Ciudad de México

Katharina Kubrick no es hija biológica de Stanley Kubrick, pero eso no obstó para que la hija de Christiane Harlan —la cuarta pareja del cineasta— y Werner Bruhns fuera influenciada por la personalidad del gran genio que la amaba y la mimaba, pero a la vez la cuidaba celosamente de los novios que la asediaban.

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Luego de divorciarse tres veces, a principios de 1957 durante la filmación de Paths of Glory Kubrick comenzó una relación con la actriz alemana Christiane Harlan, que tuvo un pequeño papel en esta película. Se casaron en 1958 y estuvieron juntos por cuarenta años, hasta la muerte del director en 1999. Además de su hijastra, Katharina Kubrick, tuvieron dos hijas juntos: Anya Renata (nacida el 6 de abril de 1959) y Vivian Vanessa (nacida el 5 de agosto 1960).

Katharina tiene 63 años, ojos vivaces y una expresividad que va más allá de su sonrisa. Las manos, los brazos, todo su cuerpo parece insuficiente para expresar lo que piensa de su padre, lo que le provoca su obra y lo importante que le resulta compartir su legado con el mundo. A menudo se levanta del asiento para expresar lo grande que le parece el universo de Stanley Kubrick.

Apareció en varias películas de su padre: como bailarina en Barry Lyndon, como madre de una paciente en Ojos bien cerrados y como la niña que camina con Alex en la tienda de discos de Naranja Mecánica. Sin embargom, eligió hacer una carrera lejos de la cámara con su propia obra. Actualmente dedica su tiempo a pintar y diseñar joyas. No obstante, desde que en 2004 se pensó en Stanley Kubrick: la exposición —que ha visitado ya 16 ciudades del mundo, incluida Monterrey— ha compartido con el público de su padre su faceta del hombre amoroso de familia.

“Cuando mi padre falleció, la prensa británica se empeñó en publicar una serie de no verdades, cosas inventadas y eso fue devastador para mi familia. Nos reunimos y pensamos qué podíamos hacer y se hizo un documental maravilloso y esta exposición es una forma de decirles: éste es quien fue mi padre (…). Cuando vi por primera vez en el Museo de Frankfurt los objetos que habían estado en el clóset de mi casa pensé: éste es su lugar. También vi la firma de mi padre en una dimensión de seis metros y me puse a llorar, porque era una firma que hacía mucho no veía, pero también porque era la firma que solía falsificar para mis tareas”.

—¿Cómo veía a su padre a los 15 años de edad?

¡¿Cuándo tenía 15 años?! Era una lata. Yo era una jovencita típica, él era muy estricto, no le gustaba que saliera con chicos hasta que tuve 16 o 17. Recuerdo una ocasión en que un novio fue a cenar a mi casa y conoció a mi papá. Él subió las escaleras y dijo: ¿estás bromeando, verdad? Era una pesadilla. Pero era la persona más solidaria, si necesitabas ayuda de cualquier tipo, si había un perro que necesitaba ayuda, él estaba ahí para eso.

—¿Por qué dice que era un padre estricto?

Ya sabes, era del tipo: no llegues tarde, haz tu tarea, no bebas mucho, no fumes. Yo era la mayor de tres hijas, entonces yo era la prueba. Mis hermanas pudieron hacer de todo, pero también aprendieron a cómo ser más tramposas. Estaba lleno de amor y de apoyo como cualquier padre bueno. Teníamos una casa grande, había gatos y perros y ellos podían subir a la cama con nosotros. Lo que se podía observar al ver a mis padres juntos era que tenían una relación muy cercana, muy respetuosa.

—¿Cuándo se dio cuenta de que era hija de un genio?

Durante la premiere de 2001, odisea del espacio. Yo tenía 14 años y mis hermanas y yo estábamos en la primera fila de un cine enorme. Estaba esa gente que se invita a ese tipo de eventos y que se tiñen el pelo de blanco, que están ahí para ser vistas pero realmente no quieren estar. Nosotras estábamos fascinadas. Por otra parte, recuerdo que cuando llegaron a la luna estábamos todos pegados a la televisión y cuando mi padre vio cómo se veía la tierra desde la luna entonces dijo: “no le atiné, la hice demasiado pálida”.

Cuando hizo la película todavía no había ciertos efectos especiales y, por ejemplo, cuando explotan todos los planetas, todo eso es tinta que cae en el agua, así se ve. Es como una película hecha a mano.  Él cambió todo, subió los niveles de todo. Volví a ver la película hace poco en una gran pantalla y, aunque sé cómo fue hecha, no se distingue, sigue siendo buenísima, es increíble.

—¿Influyeron las cintas que dirigió su padre de alguna manera en su vida?

Yo era una niña y papá se iba a trabajar, pero fuimos muy influidos por la gente que conocíamos y por la música, porque él siempre escuchaba música. Cuando estaba escogiendo música para 2001, odisea del espacio escuchó muchas versiones de El Danubio azul y así aprendí la importancia de un director. La personalidad del director Herbert von Karajan o cualquier otro. Eso fue un gran aprendizaje.

—¿En esta exposición hay algún objeto que usted nunca se imaginó que se exhibiría?

Yo empecé a coleccionar carteles, muchos de ellos están aquí. Aquí están los carteles de Ojos bien cerrados, que diseñamos mi mamá y yo, pero que no fueron utilizados porque Warner Brothers no había visto la película, sólo los trailers y solamente tenían esas imágenes sexis baratas de los dos actores viéndose en el espejo y que se convertía en algo orientado a lo sexual, pero muy corriente, que no nos gustaba.

Mi padre tomaba muy en serio los carteles y escogía a los artistas que los hacían. Philliph Castle hizo Naranja Mecánica, Barry Lyndon, entre otros. Le gustaba cómo trabajaba. Así que nosotras sabíamos que ese cartel tenía que ser hecho en casa. Estábamos frente a las computadoras, todavía no sabíamos manejarlas, teníamos las fotos de los actores, utilizamos las máscaras de color y los de Warner pensaron que los carteles no tenían impacto ni fuerza, se preguntaban que por qué las máscaras si teníamos a las estrellas más bellas de Hollywood (Tom Cruise y Nicole Kidman) y que eso haría que el público no entendiera. Pero yo estoy muy orgullosa de eso.

No sé, cada vez que veo la exposición veo algo diferente porque nunca tengo tiempo de verla toda y cada vez que lo hago descubro cosas diferentes.

 —Qué rasgo de su padre heredó usted

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