De reportero a narrador: los escritores y su experiencia

Reporteros que se convirtieron en narradores de novela policial después de muchos años de cubrir la nota roja transmitieron a jóvenes su amor por los libros en la Feria del Libro de Tijuana.
Para los escritores, fue la experiencia de compartir sus propios universos, sus maneras de entender a la creación literaria.
Para los escritores, fue la experiencia de compartir sus propios universos, sus maneras de entender a la creación literaria. (Twitter: @FLTijuana )

Tijuana

En su edición 35, uno de los retos de la Feria del Libro de Tijuana fue trasladar a los autores y a su literatura más allá del Centro Cultural Tijuana (Cecut), su sede desde 2013. Para ello, se preparó un programa que apuesta por establecer el contacto directo, en especial con los jóvenes, a través de historias que despierten su interés y que, incluso, les permita confrontar su pertenencia tijuanense a las mismas tramas de las obras.

Así, dentro del programa del encuentro editorial se desarrollan una serie de actividades extramuro: la novedad de este año en centros educativos, de readaptación social y, sobre todo, las casas de cultura dependientes del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMAC) de Tijuana, ubicadas en algunas de las zonas marginadas de la ciudad.

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"La novela policiaca es una manera de mostrar la realidad, aunque en ocasiones lo que aparece en los medios resulta más ficción"

Reporteros que se convirtieron en narradores de novela policial después de muchos años de cubrir la nota roja; una joven escritora que ahora vive en Los Ángeles y que ha apostado por contar historias en donde se reflejen los problemas de los jóvenes o un autor chilango que les pide acercarse a los libros como un medio para tener una visión diferente del mundo.

"La novela policiaca —contaba Carlos René Padilla, autor de Amorcito corazón y Un día de estos, Fabiola, quien radica en Ciudad Obregón, Sonora— es una manera de mostrar la realidad, aunque en ocasiones lo que aparece en los medios resulta más ficción, por eso pienso que hice trampa: he visto, por mi trabajo como reportero, a muchos más muertos que cualquier autor del género, si bien estoy convencido de que como escritor me convierto en cazador de historias".

Nylsa Martínez, nacida en Mexicali y radicada en Los Ángeles, platicó sobre una pequeña antología de cuentos, Afecciones desordenadas, publicada por la Editorial Artificios —cuya sede está en la capital de Baja California—, pero en especial acerca del proceso creativo, de "cómo a veces los escritores pensamos en que tenemos la idea más original del mundo y nadie lo ha escrito antes".

"De pronto vas a un taller y te das cuenta que esa imagen de la luna lo han dicho una lista interminable de escritores y, entonces, aprendes a decir eso mismo de otra manera", le contaba a los jóvenes estudiantes que acudieron a la Casa de la Cultura El Pípila, una de las más complejas dentro de la realidad tijuanense.


Del otro lado de la ciudad, Mauricio Bares, autor de Ya no quiero ser mexicano, quien a la par de la escritura le ha dedicado tiempo a la edición de libros, a través del sello Nitro Press, reflexionaba acerca de la importancia de impulsar una literatura "que se salga de los cánones y que tenga una voz propia".

En todos los casos, jóvenes interesados en la elección de los temas, en las dificultades para publicar sus historias y hasta en la manera en que logran viajar a otras partes del mundo; para los escritores, la experiencia de compartir sus propios universos, sus maneras de entender a la creación literaria y, muchas veces, gracias a la curiosidad de quienes no habían tenido tan cerca a un escritor, una de las experiencias que se buscó compartir en la Feria del Libro de Tijuana.


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