Muda: un regreso a Contemporáneos y a Orígenes

Poesía en segundos
'Muda' de Ernesto Hernández Busto
'Muda' de Ernesto Hernández Busto (Colección Práctica Mortal de la DGP)

Con la publicación de Muda (colección Práctica Mortal de la DGP, 2016) de Ernesto Hernández Busto, reaparece un modo refinado de escritura lírica que parecía irremediablemente perdido.

En este libro, como en muchos de los que publicaron las generaciones de Contemporáneos en México y de Orígenes en Cuba y su no tan larga cauda de seguidores —algunos de ellos, como sabemos, notables—, encontramos un extraño temple donde están reunidos el impulso de búsqueda del modernismo del siglo XX y la consistencia de diversas formas sintéticas de creación de tiempos anteriores. En una primera impresión, el lector descubre cómo Hernández hace convivir el verso libre y las formas canónicas (sonetos, haikús, dibujos chinos y yuxtaposiciones latinas), pasando por en medio de la paráfrasis y el aforismo. Hernández nos lleva de unas a otras de una manera natural y con delicadeza. Pero un momento más tarde, el lector advierte cómo las composiciones del libro sincronizan un curioso discurso anecdótico y coloquial, a través de una conciencia reflexiva que con frecuencia deriva en sutiles apreciaciones de objetos y lugares. Aquí, en esta segunda instancia, la delicadeza cobra un rigor intelectual. Conforme avanza en su dimensión ”modesta” —ya que el volumen además de contar con un número reducido de páginas y muchos poemas cortos, nos ofrece una voz escrupulosa—, Muda adquiere, sin que nunca pierda la capacidad de comunicación, un carácter contradictorio y elevado. Las frases tomadas del decir inmediato entran en una dimensión de pensamiento y creación de imágenes. El afuera caótico y serpentino cobra una pureza inesperada en el adentro de la memoria, los sentimientos y la inteligencia. Una buena aprehensión de Ezra Pound y T. S. Eliot articula la anarquía de la autoconciencia. En uno de los poemas característicos del libro, a partir del suceso corriente “en una interminable cola de Correos”, Hernández, al observar cómo un viejo usa a un niño de intérprete para lograr enviar su correspondencia, salta no solo al significado tan necesario y bondadoso de trasmitir un mensaje de una lengua a otra en el tráfago de las urgencias diarias sino que nos plantea, en ese lugar inopinado, comprender el sentido arduo y sofisticado de la traducción. Y, de pronto, la escena muta y ocurre “en las disculpas de aquellos primeros/ traductores franceses de Shakespeare,/ excusándose por la vulgaridad,/ la violencia, el desparpajo/ de aquellas historias/ que no embonaban en la belle manière/ y me vino a la mente la amenaza germánica,/ la atronadora voz, admonitoria,/ que algunos errores de traducción/ son peligrosos,/ pueden atrasarnos […]/ ralentizar incluso la civilización”.

En contra de las expectativas dominantes y de una literatura al servicio de las formas más simples de la ficción, tienen un valor especial los libros que, aunque pasen más o menos inadvertidos, nos permiten volver a las horas fundamentales de la poesía del siglo XX. En esos momentos, la fuerza del pensamiento hizo a un lado la rebeldía falsa y tonta de la dogmática literatura “experimental”. Los poetas de Contemporáneos y los poetas de Orígenes, con sus sonetos “fuera” de época, con su particularismo tan cosmopolita y universal y con su crítica de la crítica, pueden estar velados por el ruido y las imágenes de alto voltaje, pero no por el tiempo profundo de la invención. En su deliberada y erguida “modestia”, Muda de Ernesto Hernández Busto nos recuerda este hecho.