La Trevi y Gabo ¿opinan lo mismo sobre la ortografía?

Aunque es ridículo pensar que la ortografía se inventó para "joder" a los niños, sin pretenderlo, Trevi desempolvó uno de los debates más antiguos de la lengua. Y podría no estar tan equivocada.
El 1 de enero pasado, la cantante alborotó las ya de por sí incendiarias redes sociales.
El 1 de enero pasado, la cantante alborotó las ya de por sí incendiarias redes sociales. (Especial)

Ciudad de México

¿Si Gabriel García Márquez siguiera vivo habría celebrado las ideas sobre ortografía que Gloria Trevi manifestó en Twitter hace unos días?

El 1 de enero pasado, la cantante alborotó las ya de por sí incendiarias redes sociales: publicó una serie de tuits en los que alegaba que “la ortografía la hizo algún infame para joder a los niños”, porque, según ella, “la u en medio de la e al escribir ‘queso’ […] suena igual a la k que casi ni usamos”.

Aunque es ridículo pensar que la ortografía se inventó para joder a los niños, sin pretenderlo, la cantante desempolvó uno de los debates más antiguos de la lengua: ¿cuál es el papel de la ortografía con respecto al habla?

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Gabriel García Márquez desató una euforia similar entre los académicos y literatos en 1997, durante el primer Congreso Internacional de Lengua Española, celebrado en Zacatecas. El ganador del premio Nobel de Literatura 1982 aseguró que era necesario jubilar la ortografía:

“Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca,

Nuestra contribución no debería ser meter a la lengua en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos: García Márquez

 que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?” 

Al referirse a la lengua hablada, García Márquez aseguraba que “nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos”.

En contexto, aquella sentencia pretendía privilegiar la riqueza del habla frente a la rigidez de la gramática: “Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”, decía el colombiano.

Luego de incomodar a buena parte de la audiencia, conformada en su mayoría por académicos y conservadores, García Márquez sugirió que aquello bien podía tratarse de una utopía: “Son preguntas al azar, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras”.

Un debate interminable

Según el Tomo I del Diccionario de Autoridades —un libro que se escribió hace casi 300 años, en 1726—, sin la ortografía “no se puede comprender bien lo que se escribe, ni se puede percibir con la claridad conveniente lo que se quiere dar a entender”.

Mencionar la fecha en que se escribió este manual resulta relevante porque la lengua es una entidad inestable. Es decir, se encuentra en constante cambio puesto que depende de los usos y costumbres de los hablantes.

Según la Fundación del español urgente, Fundéu, “la escritura es una técnica que permite reproducir gráficamente el componente fónico del lenguaje”. En ese sentido, Gloria Trevi develó, de manera involuntaria, un dilema interesante: si la ortografía pretende reflejar cómo suena la lengua, por qué no ha de reducirse a su forma más simple.

Algunos ejemplos para defender la economía ortográfica

¿Por qué una de las entradas del Diccionario de la Lengua Española es murciégalo si ya nadie usa esa forma? Hay, incluso, quien la considera incorrecta. Quizá algunos se sorprendan, pero ese arcaísmo es mucho más cercano a la forma original de la palabra, que viene del latín mus, muris ‘ratón’ y caecŭlus —diminutivo de caecus— que significa ‘ciego’.

Existe también el caso de ‘sicología’ y ‘psicología’. En la actualidad, es aceptable usar la forma que prescinde de la p. ¿Por qué? Porque en el flujo del habla común, nadie se detiene a pronunciar ese sonido sordo al inicio de la palabra.

Este par de ejemplos sólo demuestran que la academia y sus normas han tenido que dejar de lado —a veces a su pesar— su centenaria tradición dogmática para adaptarse al argumento que ya han demostrado varios lingüistas, y que reafirmamos los hablantes a diario: el hablante hace la norma.

Es una lástima que Gloria Trevi esté defendiendo la mala ortografía en lugar de hacer un verdadero desafío al sistema normativo de la lengua, a la manera de García Márquez. 


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