Mon Laferte, la 'femme fatale' del Cervantino

Revive en 360 el concierto que la cantante chilena dio en el Festival Internacional Cervantino. 

Guanajuato

Cuando se sube al escenario, Mon Laferte se transforma en femme fatale y se empeña en conseguir todas las miradas "para dar un buen show", pero una vez abajo, la cantante es de las que prefiere la soledad que le proporciona su casa, donde puede estar tranquila tomándose un té.

"Si me das a elegir, yo preferiría seguir mi vida normal, y que cuando me suba al escenario cambie, se haga ese clic", cuenta la cantante oriunda de Viña del Mar, Chile, quien dice estar "aprendiendo a lidiar con la sobreatención de la gente" porque sabe que esto forma parte del "paquete" que viene con su trabajo.

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Antes de subir al escenario montado en la Alhóndiga de Granaditas, viste un abrigo rojo que hace juego con sus uñas. "Siempre tengo frío, soy como una abuelita", bromea y confiesa que el paso de los años la ha vuelto ermitaña.

 

Tu tanta falta de valor


Esa timidez de la que no ha logrado desprenderse tras sus tres discos de estudio —el último Mon Laferte Vol. 1(2015)— hace que para ella también sea complicado exponer sus sentimientos con las canciones que escribe.

"Es algo que al principio me costaba mucho; me sigue costando, incluso me da mucha vergüenza", asegura. Cuando enseña por primera vez a su banda una canción que ha creado le da "miedo" porque sabe que luego la va a compartir con el público "y ya no hay vuelta atrás".

A partir de ahí, cada canción es un mundo. En el caso de que el tema esté basado en algo que le haya hecho daño, a veces interpretarlo le ayuda a sanar sus heridas.

Sin embargo, otras veces ocurre lo contrario, pues "cada vez repites la misma frase y lo estás reafirmando, como que se pone más intenso el sentimiento", convirtiéndose como una especie de "tortura", reconoce.

La inspiración de viajar

Asegura que le funciona bastante bien componer durante las giras, porque encuentra la inspiración durante sus viajes: "Ves miradas diferentes de la gente (...), acentos diferentes para hablar, que luego tienen un cantadito y te pueden ayudar para inventar la melodía de una canción".

Hace casi diez años, Mon Laferte abandonó su Chile natal con el ánimo de "cantarle al mundo" y decidió comenzar su camino en México, ya que le resultaba un lugar familiar. Resultó que le gustó tanto, tanto que se quedó en el país.

En su tierra ya tocaba, en la calle, pero aprendió que vivir de la música no iba a ser sencillo y no quería sufrir para ver cómo podía pagar la renta o comer en el día a día. "Creo que hoy se puede, pero hace diez años era muy difícil; yo tenía que arreglármelas", recuerda.

Anoche, Mon Laferte abarrotó las gradas que rodean el escenario montado en la Alhóndiga de Granaditas. El público, rendido ante la femme fatale del Cervantino, no se cansó de corearla.


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