La lengua mutilada de Belisario Domínguez

Una tétrica leyenda afirma que el heroico senador chiapaneco murió a causa de la mutilación de su lengua después de que Victoriano Huerta ordenara su asesinato. 
Belisario Domínguez Palencia (1863-1913)
Belisario Domínguez Palencia (1863-1913)

Ciudad de México

En la historia de México existen leyendas que involucran miembros o partes corporales de personajes históricos que fueron separadas antes o después de su muerte, y que se habrían conservado por distintos medios. Algunos ejemplos son las cabezas de los primeros insurgentes —Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez— que colgaron en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas como ejemplo para disuadir a cualquier otro que quisiera rebelarse contra el dominio español; también está la cabeza de Pancho Villa, cuyo cadáver fue decapitado por instrucciones del magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst, quien ofreció cinco mil dólares por el siniestro trofeo, o la mano de Álvaro Obregón, que se conservó durante 74 años en un frasco de formol y que hasta 1989 estuvo expuesta en su monumento ubicado en el Parque de la Bombilla.

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Otra de estas historias mórbidas la protagonizó el senador chiapaneco Belisario Domínguez Palencia, notable opositor político del usurpador Victoriano Huerta, y que fue asesinado por instrucciones suyas: a raíz de la publicación de un discurso de oposición a la presidencia de Huerta, la noche del 7 de octubre de 1913 el inspector de policía Francisco Chávez, auxiliado por Gilberto Márquez y José Hernández Ramírez “el Matarratas”, aprehendió al benemérito de la Patria en el cuarto 16 del Hotel Jardín en el que se hospedaba, y lo trasladó al panteón de Xoco, en Coyoacán, donde lo asesinó de tres balazos en la cabeza.

Según la leyenda, la verdadera razón de la muerte de don Belisario fue la profusa hemorragia derivada de la mutilación de su lengua por parte del médico cirujano Aureliano Urrutia, compadre de Victoriano Huerta y rival de Domínguez. Tras el terrible acto, el doctor Urrutia habría depositado la lengua en un frasco para enviárselo como trofeo al presidente Huerta, con la leyenda: “Esta lengua que llamó asesino al general Huerta, no volverá a pronunciar palabra alguna”.

A pesar de la fascinación que generan este tipo de leyendas, que involucran a personajes memorables e infames de nuestra historia, no existen pruebas que confirmen el martirio y la mutilación de la lengua de don Belisario Domínguez: ni en la autopsia publicada en los periódicos ni en las investigaciones policiacas que se llevaron a cabo posteriormente se registra que al cadáver le faltara dicha apéndice. Además, nadie ha visto el dichoso frasco con formol donde supuestamente se conservaría la lengua. En 1931, el doctor José Manuel Puig Casauranc, pariente de don Belisario, exoneró públicamente al doctor Urrutia de la muerte del mártir chiapaneco, adjudicando la leyenda al usurpador, quien a toda pregunta respondía con la misma muletilla: “Lo hizo Urrutia o pregúnteselo a Urrutia”.

FM