Amado Nervo: un funeral que duró seis meses

El cuerpo del poeta, fallecido en mayo de 1919 en Montevideo, demoró 6 meses en llegar a México, pues antes recibió honras fúnebres en varios países del continente. 
Amado Nervo hacia 1914
Amado Nervo hacia 1914 (Especial)

Ciudad de México

Fallecido en Montevideo el 24 de mayo de 1919, a la edad de 48 años, a causa del agravamiento de una nefritis que padecía desde años atrás, el cuerpo del poeta Amado Nervo recibió primero honras fúnebres de parte del gobierno de Uruguay.

Acababa de llegar a ese país como ministro diplomático apenas unos días antes, el 16 de mayo, y su muerte apesadumbró a la capital uruguaya. El ejecutivo de ese país envió al Congreso una iniciativa para que se aprobaran para él funerales de Ministro de Estado. Sus restos fueron depositados provisionalmente en el Panteón Nacional de Montevideo, donde recibió los honores máximos por cerca de un mes.

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Mientras tanto, se preparó el buque Uruguay para trasladarlo a México. La nave zarpó de Uruguay en julio con dirección a Veracruz, pero hizo un alto en Brasil, en donde también se le rindieron honras fúnebres a finales de ese mes y parte de agosto de 1919.

De ahí el buque se dirigió hacia República Dominicana, donde las autoridades de la isla realizaron en agosto también una ceremonia en memoria del poeta, famoso en toda Hispanoamérica.

La siguiente parada fue en septiembre en Cuba, donde tuvo una recepción oficial y permaneció hasta mediados de octubre. En todos estos los puertos se efectuaron honras fúnebres multitudinarias.

El buque Uruguay llegó finalmente a Veracruz el 11 de noviembre de 1919. Venía de Cuba escoltado por barcos venezolanos, brasileños, argentinos y cubanos que lo acompañaron en el viaje. La cañonera mexicana Zaragoza también se unió a aquel magnífico cortejo marítimo.

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De Veracruz fue trasladado hacia la capital del país. A lo largo del viaje la gente atestiguó el paso del féretro que venía escoltado por soldados uruguayos. A su arribo a la Ciudad de México la multitud se volcó a las calles para ver pasar el cortejo y unirse a la delegación de soldados uruguayos que custodiaba los restos del poeta. Se le llevó a un salón de la cancillería donde miles de personas hicieron fila para despedirse de él.

Finalmente, el 14 de noviembre de 1919 fue inhumado en la Rotonda de los Hombres ilustres. Un funeral de seis meses para quién fuera el más célebre poeta mexicano del cambio de siglo, el autor de las famosas líneas: “Vida, nada me debes/ Vida, estamos en paz”.


AG