La Mona Lisa está en México

O casi. Se trata de una reproducción digital en alta resolución que es parte de una muestra que se exhibe en el CENART, con obras de Leonardo, Rafael y Caravaggio.
'La Gioconda', de Leonardo Da Vinci.
'La Gioconda', de Leonardo Da Vinci.

México

Contemplar La Mona Lisa en el Museo Louvre no es cosa fácil. Decenas de personas se amontonan todo el tiempo frente a una de las pinturas más famosas de la historia del arte. Verla en México es menos complicado y, además, en el muro de enfrente se encuentra La última cena, otra de las obras maestras de Leonardo Da Vinci.

No son las originales, pero sí réplicas bastante cercanas: fotografías impresas con la mayor resolución posible, montadas sobre cajas luminosas y a escala 1:1. El CENART alberga 57 de ellas en la exposición Leonardo, Rafael, Caravaggio: una muestra imposible. Sólo en la era de la reproducción digital pueden reunirse en el mismo sitio algunas de las obras más importantes del Renacimiento.

La primera de estas muestras imposibles se realizó en Nápoles en el 2003. Con el apoyo de la Radiotelevisión italiana (Rai), el historiador Renato Parascandolo comenzó a coordinar la digitalización de pinturas dispersas en museos, galerías, iglesias y colecciones privadas alrededor del mundo. El proyecto se estrenó con una selección de obras de Michelangelo Merisi de Caravaggio en el Castillo Sant'Elmo.


El rostro del que es considerado como el primer pintor moderno se asoma más de una vez en la Galería Central del CENART. Caravaggio es el protagonista enMedusa, un autorretrato en el que el pintor se representó con gesto de horror y cabellera de serpientes venenosas. De manera más discreta aparece en El martirio de San Mateo, como un testigo moderno que observa acongojado la escena de tortura.

La oscuridad de la sala permite apreciar mejor los claroscuros en las 29 obras de Caravaggio, el genio de la técnica barroca que murió huyendo tras ser condenado por el asesinato de un hombre.

Al ser impresiones fotográficas, la textura de los óleos es imperceptible. Pero se distinguen incontables matices de los colores e incluso las delgadísimas grietas que se forman en los lienzos originales.

Rafael también tiene su propia sala, en la Galería Juan Soriano. Ahí se pueden ver piezas como el Retrato de Baltasar Castiglione o la Madonna del prado.

Pero es en la planta alta, junto a las ocho obras de Da Vinci, donde se encuentra una de las pinturas más famosas del maestro renacentista: La escuela de Atenas, con sus cinco metros de largo por siete de ancho. En el fresco aparecen Platón, Aristóteles, Heráclito entre otros pensadores que representan la búsqueda de la verdad racional.


Ya a mediados del siglo XX, André Malraux dijo que la historia del arte sería la historia de lo fotografiable. El escritor francés planteó la idea de un Museo imaginario (1947), donde cada persona tendría en la mente su propio acervo de imágenes gracias a la reproducción que permite la fotografía. Quizá lo más parecido que existe hoy es el Google Art Project, una plataforma digital con el mismo objetivo que las muestras invisibles: democratizar el acceso a la herencia cultural de la humanidad.