CRÓNICA | POR EUGENIA COPPEL

El preso que lee a Samuel Beckett

"Leer en prisión": día uno

Fidel Gómez “El Mandi” fue uno de los internos presentes en la charla de tres escritores que compartieron con los presos su amor por la lectura.

México

Fidel Gómez Pérez lleva 26 años preso y acaba de terminar la secundaria. “El Mandi”, como es conocido por todos en la cárcel, pasó al frente tras escuchar su nombre y estrechó las manos de las autoridades académicas y penitenciarias. Mostró orgulloso su constancia ante las cámaras y regresó a su lugar en la primera fila. Desde ahí seguía con la vista a los fotógrafos y posaba para ellos en cada oportunidad. “El Mandi” sabe que la reproducción de la propia imagen es necesaria en el oficio de actor que aprendió en prisión, y en el que piensa continuar cuando recupere su libertad. También ha entendido que la lectura es una actividad obligada para quienes se dedican al teatro. “El Mandi”, un ex miembro de la banda delincuencial Los Panchitos, dice que su autor favorito es Samuel Beckett.

Se terminó la ceremonia de entrega de diplomas y el micrófono pasó al escritor Maruan Soto, sentado en la mesa del presidium. Lo alcanzaron allí los también escritores Julio Patán y Jorge Alberto Gudiño, que además de presentar la última novela de Soto -La carta del verdugo (Alfaguara, 2014)- hablarían sobre el proyecto que los llevó el pasado miércoles a la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla: “Leer en prisión”, una iniciativa para llevar libros contemporáneos y a sus autores a las cárceles del DF.

Cerca de 100 internos, todos vestidos de azul marino pero sin uniforme, escucharon sentados bajo una enorme lona amarilla colocada en el patio del centro escolar. El sitio podría haber sido cualquier escuela -con sus salones de clase, sus murales y sus áreas verdes- si no fuera porque al fondo se podían distinguir algunas celdas con varias prendas colgadas en los barrotes de las ventanas.

No era un público numeroso si se considera que la población total de la cárcel es de cerca de tres mil hombres. Pero al menos era un grupo interesado en la educación. Los que no recogían su constancia de primaria o secundaria iban por sus diplomas de cursos especiales: desde ortografía básica e inglés, hasta violencia de género y desarrollo humano. En esta penal es posible, incluso, cursar licenciaturas en derecho y filosofía. Tres exámenes profesionales han sido aprobados este año gracias a la colaboración con la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.  

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Maruan Soto comenzó por contar las razones que lo llevaron a querer compartir libros y su amor por la lectura con los presos de la ciudad:

─Es complicado entender la situación que los trajo y viven aquí, pero en la literatura hay algo que nos puede acercar al entendimiento: la generación de empatía.

Muchos aplaudieron y otros asintieron con la cabeza cuando el narrador explicó que su intención es visitar los diez penales del Distrito Federal, presentar libros que en este momento se venden en las librerías y dejar al menos 50 ejemplares de cada uno en sus bibliotecas.

─Yo leo básicamente por dos razones ─dijo en su turno Jorge Alberto Gudiño─. Porque me gusta que me cuenten cosas y por el entusiasmo que me provoca: ver cómo se va resolviendo una novela de aventuras, por ejemplo. Leer es una manera de ampliar nuestro escenario y la lectura se vuelve más rica si se platica con otros.  

Luego Julio Patán tomó el micrófono y contó que a pesar de haber sido siempre un mal estudiante, encontró en la lectura una pasión y una forma de vida. El colaborador de MILENIO agregó que los buenos libros son los que nos ponen a pensar en los problemas más que aquellos que pretenden ofrecer soluciones.

─Acercarse a los personajes de Maruan es rudo: son hostiles, tienen un humor ácido, son violentos ─dijo Patán─. Son personajes complicados que creen que están haciendo el bien pero hacen el mal.

La banda de guerra estaba impaciente por volver a hacer su aparición y cerrar el acto con el toque de bandera. Pero antes, Soto quiso compartir algunas de sus razones para escribir e invitó a su público a contar sus historias por medio del lenguaje escrito.

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En una placa dorada, colocada al exterior de las oficinas directivas, se lee que el presidente Alfonso Ruiz Cortines inauguró Santa Martha Acatitla el 14 de octubre de 1957. El reclusorio fue concebido desde su origen como la sustitución de Lecumberri, y se construyó en un terreno que formaba parte de la zona agrícola del lago de Texcoco. A todos los presos que hoy la habitan les dictaron sentencias largas; algunas demasiado para cumplirse. Muchos de ellos dormirán el resto de sus noches en una celda de 3x5 metros con otros tres o cuatro internos.

El director del penal, César Ramiro Rojas, recordó que “El Mandi” era uno de los presos más violentos. Pero con el tiempo le llegó la calma y la resignación, como dice el funcionario que tarde o temprano le sucede a la mayoría.

Su sentencia original era de 40 años, por un homicidio que cometió el 4 de octubre de 1989. Pero dice “El Mandi” que ya sólo le falta un año y un mes para salir. Su condena se ha reducido gracias a sus horas de trabajo: además de ayudar con la limpieza del área donde dan consulta los psicólogos, “El Mandi” es uno de los miembros activos de la Compañía de Teatro Penitenciario. El programa impulsado por el Foro Shakespeare paga a sus miembros por asistir a los ensayos y dar funciones abiertas al público.

─Mis tres fuertes son que impacto, doy miedo y sorprendo ─suelta “El Mandi” después de la ceremonia académica y la charla con los escritores.

Y el hombre sabe lo que dice: Fidel Gómez tiene un rostro duro y una mandíbula prominente que le otorgó su apodo. Su pelo medio canoso lo hace distinguirse del resto de los presos, no solo por el largo hasta los hombros sino porque lleva unos estambres morados amarrados en los rizos. Sus tatuajes, anillos, un rosario colgado al cuello y la dentadura chimuela terminan por ilustrar su punto.

Además de Beckett, “El Mandi” dijo haber leído a William Shakespeare. Quizá ahora, en uno de sus ratos libres, vaya a la biblioteca a buscar uno de los ejemplares del libro que escribió Maruan Soto.


@EuCoppel