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Martes , 19.02.2019 / 05:38 Hoy

La necesidad de ser cruel
Fui a la escuela de mi hijo a hablarles a algunos niños acerca de esta profesión y de los recientes, terribles acontecimientos. No supe bien qué decir. Me hice bolas. Primero pretendí hablarles del humor y la importancia social de la profesión de humorista. En momentos me puse demasiado serio, dando explicaciones; intenté entonces echar dos o tres chistoretes: algunos funcionaron. Terminé dibujando en un pizarrón a un rey plátano, ya encuerado, a punto de resbalar con su propia cáscara. Y luego un hot dog hecho con un perro sin patas, para que cupiera bien en el pan. Y luego discutí con los niños sobre el mejor uso de las patas sobrantes. ¿Sopa de pata de perro? Intenté meterme un poco a hablar de ese ingrediente vital para el humor: la crueldad.No me gusta que tu jefa me la mame porque me lastima los huevos con sus bigotes.Dicen que la profesión de caricaturista es buena para la salud; estimula áreas vitales que nos llevan a vivir muchos años. Vean a Wolinski. Llegó a ochenta. Y mejor ahí le dejamos a la fábula; la moraleja se pudrió a medio camino.Mi amigo Luis opina que le fascina South Park porque no cae en la actitud discriminatoria de no hacer chistes de lisiados.De los buenos recuerdos que nos quedaron a Trino y a mí de La Jornada, cuando hicimos al Santos y demás compinches, fue la frase del director: "Ustedes no se autocensuren; si hay censura yo la haré; ustedes no la hagan de antemano". Y realmente hubo muy poca. Y aprovechamos el hueco e inventamos esa tira llena de sexo, drogas y rocanrol.Ese monero pusilánime nunca se mete en política. Nomás salió unos segundos de su letargo a hablar de la muerte de sus colegas franceses. Pinche mamón.Ah, qué perros cabrones humoristas, buscadores de peligro, provocadores vulgares. Qué huevotes. Sabiéndose amenazados insistieron en seguirse burlando. Y hay quien dice que no hay que reírse de lo que es sagrado para otro. Yo digo que lo que hicieron fue defender de manera radical una de los obligaciones profundas del humor: pasarse de la raya, chingar la borrega.Cuando vieron entrar a los terroristas decidieron acelerar la minuta porque se iba a tener que suspender la sesión.Sí claro, espantoso. Y además me di cuenta de que soy un fresota. Indignante mi fresez. Pero ni modo de tratar de hacerme el muy pesado ahora. Saldría forzadísimo. Muchas gracias a esos guerreros payasos por dejar bien cimentada esa libertad que no tenemos la enjundia de ejercer plenamente.A los niños hay que educarlos para que sepan criticar, se sepan reír, se sepan incluso burlar. Importante educarlos también para la compasión, el respeto. Intentar lograr que distingan entre la carrilla chida y el bullying. Y darles armas para que puedan aguantar vara, porque la vida es dura y les va a tocar su repasada; atravesarán en muchas ocasiones zonas de ridículo. Se van a reír de ellos. Y tienen que ser fuertes; no depender de la compasión para sobrevivir. Chale. Uf. Y cuando son adolescentes nos agarran de bajada gachísimo a los mayores. Ni modo. Pffff. Esperemos, si van a estar chingando, que sea con gracia... Me acordé de esa horrenda sensación cuando los adolescentes ya encontraron tu punto flaco, tus mañas, tus tonterías, tus gestos tontos. Y empiezan a darse un banquete. Te acaban. ¡Qué triunfo lograr un humano a la vez bien perro para la carrilla y con capacidad de compasión! Pero imposible hablarles de compasión a los adolescentes. Bueno, a los humoristas tampoco les gusta mucho hablar de compasión. Digo, no quiero generalizar. Hay muchos tipos de humoristas, y efectivamente hay grandes zonas del humor encargadas de realizar otro tipo de trabajo: peripecias de vértigo tribilín, risa generalizada sin víctimas, invenciones de gracia estrambótica, experimentos con la estructura de los chistes, incluso ironías delicadas que pudieran estar, algunas, teñidas de ternura. Pero una de las zonas fundamentales del trabajo humorístico es el lado oscuro del hombre. Y para meternos al lado oscuro no podemos andar de puntitas, diciendo cosas amables, evitando lastimar sensibilidades. No, es materia espesa y hay que entrarle sin compasión ni piedad. No nos hagamos pendejos. Hay verdades que solo salen después de verdaderas cirugías. Hay que sacar el corazón sangrante para darle unas buenas cachetadas. Como le dijo el payaso al que no quería ver: "Te voy a romper tu mundo de muñecas con la punta de la verga".Lo vulgar, lo cruel, la falta de respeto, la violencia, el ridículo, lo obsceno, lo sucio, lo trágico. Herramientas de trabajo para los caricaturistas. A muchos, una amenaza fuerte les haría bajarle de huevos de inmediato a lo que sea que estuvieran haciendo. Yo, por ejemplo, ya estaría dedicado a la venta de seguros. El terror sí consigue limitarnos. Es lo que hace más grande nuestra admiración hacia esos valientes que, en muchos sentidos, sostienen la libertad de expresión. La mantienen funcionando.¿Qué sigue? Bueno, de entrada poner códigos de entrada más complicados en la entrada de nuestro búnker. Pffff. No... olvídenlo.
DEBATEN
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  • Fui a la escuela de mi hijo a hablarles a algunos niños acerca de esta profesión y de los recientes, terribles acontecimientos. No supe bien qué decir. Me hice bolas. Primero pretendí hablarles del humor y la importancia social de la profesión de humorista. En momentos me puse demasiado serio, dando explicaciones; intenté entonces echar dos o tres chistoretes: algunos funcionaron. Terminé dibujando en un pizarrón a un rey plátano, ya encuerado, a punto de resbalar con su propia cáscara. Y luego un hot dog hecho con un perro sin patas, para que cupiera bien en el pan. Y luego discutí con los niños sobre el mejor uso de las patas sobrantes. ¿Sopa de pata de perro? Intenté meterme un poco a hablar de ese ingrediente vital para el humor: la crueldad.
  • No me gusta que tu jefa me la mame porque me lastima los huevos con sus bigotes.
  • Dicen que la profesión de caricaturista es buena para la salud; estimula áreas vitales que nos llevan a vivir muchos años. Vean a Wolinski. Llegó a ochenta. Y mejor ahí le dejamos a la fábula; la moraleja se pudrió a medio camino.
  • Mi amigo Luis opina que le fascina South Park porque no cae en la actitud discriminatoria de no hacer chistes de lisiados.
  • De los buenos recuerdos que nos quedaron a Trino y a mí de La Jornada, cuando hicimos al Santos y demás compinches, fue la frase del director: "Ustedes no se autocensuren; si hay censura yo la haré; ustedes no la hagan de antemano". Y realmente hubo muy poca. Y aprovechamos el hueco e inventamos esa tira llena de sexo, drogas y rocanrol.
  • Ese monero pusilánime nunca se mete en política. Nomás salió unos segundos de su letargo a hablar de la muerte de sus colegas franceses. Pinche mamón.
  • Ah, qué perros cabrones humoristas, buscadores de peligro, provocadores vulgares. Qué huevotes. Sabiéndose amenazados insistieron en seguirse burlando. Y hay quien dice que no hay que reírse de lo que es sagrado para otro. Yo digo que lo que hicieron fue defender de manera radical una de los obligaciones profundas del humor: pasarse de la raya, chingar la borrega.
  • Cuando vieron entrar a los terroristas decidieron acelerar la minuta porque se iba a tener que suspender la sesión.
  • Sí claro, espantoso. Y además me di cuenta de que soy un fresota. Indignante mi fresez. Pero ni modo de tratar de hacerme el muy pesado ahora. Saldría forzadísimo.
  • Muchas gracias a esos guerreros payasos por dejar bien cimentada esa libertad que no tenemos la enjundia de ejercer plenamente.
  • A los niños hay que educarlos para que sepan criticar, se sepan reír, se sepan incluso burlar. Importante educarlos también para la compasión, el respeto. Intentar lograr que distingan entre la carrilla chida y el bullying. Y darles armas para que puedan aguantar vara, porque la vida es dura y les va a tocar su repasada; atravesarán en muchas ocasiones zonas de ridículo. Se van a reír de ellos. Y tienen que ser fuertes; no depender de la compasión para sobrevivir. Chale. Uf. Y cuando son adolescentes nos agarran de bajada gachísimo a los mayores. Ni modo. Pffff. Esperemos, si van a estar chingando, que sea con gracia... Me acordé de esa horrenda sensación cuando los adolescentes ya encontraron tu punto flaco, tus mañas, tus tonterías, tus gestos tontos. Y empiezan a darse un banquete. Te acaban. ¡Qué triunfo lograr un humano a la vez bien perro para la carrilla y con capacidad de compasión! Pero imposible hablarles de compasión a los adolescentes. Bueno, a los humoristas tampoco les gusta mucho hablar de compasión. Digo, no quiero generalizar. Hay muchos tipos de humoristas, y efectivamente hay grandes zonas del humor encargadas de realizar otro tipo de trabajo: peripecias de vértigo tribilín, risa generalizada sin víctimas, invenciones de gracia estrambótica, experimentos con la estructura de los chistes, incluso ironías delicadas que pudieran estar, algunas, teñidas de ternura. Pero una de las zonas fundamentales del trabajo humorístico es el lado oscuro del hombre. Y para meternos al lado oscuro no podemos andar de puntitas, diciendo cosas amables, evitando lastimar sensibilidades. No, es materia espesa y hay que entrarle sin compasión ni piedad. No nos hagamos pendejos. Hay verdades que solo salen después de verdaderas cirugías. Hay que sacar el corazón sangrante para darle unas buenas cachetadas. Como le dijo el payaso al que no quería ver: "Te voy a romper tu mundo de muñecas con la punta de la verga".
  • Lo vulgar, lo cruel, la falta de respeto, la violencia, el ridículo, lo obsceno, lo sucio, lo trágico. Herramientas de trabajo para los caricaturistas. A muchos, una amenaza fuerte les haría bajarle de huevos de inmediato a lo que sea que estuvieran haciendo. Yo, por ejemplo, ya estaría dedicado a la venta de seguros. El terror sí consigue limitarnos. Es lo que hace más grande nuestra admiración hacia esos valientes que, en muchos sentidos, sostienen la libertad de expresión. La mantienen funcionando.
  • ¿Qué sigue? Bueno, de entrada poner códigos de entrada más complicados en la entrada de nuestro búnker. Pffff. No... olvídenlo.
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