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Sábado , 16.02.2019 / 20:38 Hoy

Formas de la felicidad
“La lectura”, dijo Jorge Luis Borges, “debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. El autor de “El Aleph” consideraba que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el ‘modo imperativo’”. Empiezo con esto porque propongo –oh, sí– la lectura como una forma compleja de las vacaciones.Sugiero entonces un primer libro: “Odioso caballo”, de Francisco Hernández (Almadía, 2016). Para quien tenga poca experiencia leyendo poesía –y recule al pensar en hacerlo– estos textos serán una rica sorpresa; para quien sea un ávido lector de poemas bien construidos y cuidados, este libro será un paraíso. La poética de Hernández (San Andrés Tuxtla, 1946) es una de las más notables de nuestro país y una de las más llamativas del español contemporáneo. El chiapaneco hace de Dios una bestia a la que se puede domesticar. De esta manera, “Dios” es el nombre de un caballo rebelde, furioso y dócil a la vez. “Hoy amanecí montado en Dios/ Dios es un caballo de edad indefinida”, arranca Hernández, antes de soltarse con una reflexión redonda sobre los misterios de ese ser al que apenas podemos ponerle las riendas y ya está dando coces, que nos tiene a su merced y del que pedimos misericordia. El poeta también explora otros asuntos que parecen nimios pero que, en su voz, adquieren potencia: sus propios pies, una mujer que se va, el paso del tiempo… Es un libro para llevar a todos lados y leer a sorbos pequeños. Las imágenes y su significado permanecerán un rato en la mente de los lectores.Quien busque otro tipo de acción, sin ceder a las tentaciones del best seller, encontrará en “Patria o muerte” (Tusquets, 2015) una novela vertiginosa, extraña y deliciosa. Su autor, Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), es de esos escritores raros que pueden navegar con éxito en las distintas aguas de la palabra escrita: es poeta, cuentista y novelista sin dejar de escribir guiones para televisión o hacer reportajes de alto voltaje. En “Patria o muerte”, el venezolano urde una trama que mezcla lo policiaco con la comedia de enredos, el periodismo serio con el misterio, la narración de los primeros afectos con la de un país al borde del abismo. La novela arranca en Caracas con el oncólogo Miguel Sanabria y el encargo que su sobrino Vladimir le hace de una grabación secreta y reveladora de Hugo Chávez, a quien no se ha visto en público desde un tiempo y que está enfermo de gravedad. A partir de ahí, Barrera narra la historia entrecruzada de personas que viven en una Venezuela desquiciada de amor y odio, de miedo y hambre, de las pasiones exaltadas que su líder despertaba y del desarreglo civil generado por sus decisiones. Ganadora del Premio Tusquets, la obra de Barrera puede ser explorada con distintos grados de profundidad. Ofrece diálogos como dardos, reflexiones cuidadosas y vislumbres de una realidad latinoamericana que a todos nos toca.Dos pueden parecer pocos libros, pero eso es sólo porque estoy a punto de lanzar una lista breve y veloz de algo que no son novedades pero sí lecturas a considerar. Para encontrarle la belleza a lo feroz hay que leer a Doris Lessing con “El cuaderno dorado” (Debolsillo) y a Rodolfo Fogwill con “Los pichiciegos” (Periférica); para perderse en lenguajes recompuestos vale redescubrir a Daniel Sada con “A la vista” (Anagrama) y a Clarice Lispector con “La manzana en la oscuridad” (Siruela); para buscar con Borges las maravillas del mundo libresco, nada mejor que sumergirse en el breve y sustancioso “El Aleph” (Debolsillo). Todos, garantía para un buen verano.@julietaga
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“La lectura”, dijo Jorge Luis Borges, “debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. El autor de “El Aleph” consideraba que “el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el ‘modo imperativo’”. Empiezo con esto porque propongo –oh, sí– la lectura como una forma compleja de las vacaciones.

Sugiero entonces un primer libro: “Odioso caballo”, de Francisco Hernández (Almadía, 2016). Para quien tenga poca experiencia leyendo poesía –y recule al pensar en hacerlo– estos textos serán una rica sorpresa; para quien sea un ávido lector de poemas bien construidos y cuidados, este libro será un paraíso. La poética de Hernández (San Andrés Tuxtla, 1946) es una de las más notables de nuestro país y una de las más llamativas del español contemporáneo. El chiapaneco hace de Dios una bestia a la que se puede domesticar. De esta manera, “Dios” es el nombre de un caballo rebelde, furioso y dócil a la vez. “Hoy amanecí montado en Dios/ Dios es un caballo de edad indefinida”, arranca Hernández, antes de soltarse con una reflexión redonda sobre los misterios de ese ser al que apenas podemos ponerle las riendas y ya está dando coces, que nos tiene a su merced y del que pedimos misericordia. El poeta también explora otros asuntos que parecen nimios pero que, en su voz, adquieren potencia: sus propios pies, una mujer que se va, el paso del tiempo… Es un libro para llevar a todos lados y leer a sorbos pequeños. Las imágenes y su significado permanecerán un rato en la mente de los lectores.

Quien busque otro tipo de acción, sin ceder a las tentaciones del best seller, encontrará en “Patria o muerte” (Tusquets, 2015) una novela vertiginosa, extraña y deliciosa. Su autor, Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), es de esos escritores raros que pueden navegar con éxito en las distintas aguas de la palabra escrita: es poeta, cuentista y novelista sin dejar de escribir guiones para televisión o hacer reportajes de alto voltaje. En “Patria o muerte”, el venezolano urde una trama que mezcla lo policiaco con la comedia de enredos, el periodismo serio con el misterio, la narración de los primeros afectos con la de un país al borde del abismo. La novela arranca en Caracas con el oncólogo Miguel Sanabria y el encargo que su sobrino Vladimir le hace de una grabación secreta y reveladora de Hugo Chávez, a quien no se ha visto en público desde un tiempo y que está enfermo de gravedad. A partir de ahí, Barrera narra la historia entrecruzada de personas que viven en una Venezuela desquiciada de amor y odio, de miedo y hambre, de las pasiones exaltadas que su líder despertaba y del desarreglo civil generado por sus decisiones. Ganadora del Premio Tusquets, la obra de Barrera puede ser explorada con distintos grados de profundidad. Ofrece diálogos como dardos, reflexiones cuidadosas y vislumbres de una realidad latinoamericana que a todos nos toca.

Dos pueden parecer pocos libros, pero eso es sólo porque estoy a punto de lanzar una lista breve y veloz de algo que no son novedades pero sí lecturas a considerar. Para encontrarle la belleza a lo feroz hay que leer a Doris Lessing con “El cuaderno dorado” (Debolsillo) y a Rodolfo Fogwill con “Los pichiciegos” (Periférica); para perderse en lenguajes recompuestos vale redescubrir a Daniel Sada con “A la vista” (Anagrama) y a Clarice Lispector con “La manzana en la oscuridad” (Siruela); para buscar con Borges las maravillas del mundo libresco, nada mejor que sumergirse en el breve y sustancioso “El Aleph” (Debolsillo). Todos, garantía para un buen verano.

@julietaga

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