Apenas podía caminar, apoyada con su andador, con la pérdida del ojo izquierdo, casi sin poder oír y un padecimiento del corazón, doña María Teresa de Jesús Camarillo, de 88 años, buscaba desesperadamente la tumba de su nieta del mismo nombre, quien tenía casi dos años de no acudir a verla por la pandemia del covid-19.
Por el pasillo principal del panteón San Jorge, sobre la avenida Lincoln, sobresalía la octogenaria, vecina de la colonia Antonio I. Villarreal, en Monterrey, que cargaba un arreglo floral y un morral amarrados en su andador.
Doña María Teresa iba acompañada de su hija Norberta Carrizal y su bisnieto Héctor Tadeo, de 4 años, hijo de la joven Teresa Catalina Córdova Carrizales, de 25 años, quien falleció el 29 de enero del 2020 de un infarto.
Sin embargo, la abuela, quien trabaja de las 05:00 a 08:30 de la mañana abriendo y cerrando la puerta de un Super 7, entre lágrimas señaló no estar cansada y quería encontrar la tumba de su nieta a como diera lugar.
"Tengo dos años (de no verla); no la encuentro, su tumba, ella era todo mi querer, mi única nieta, dejó a un bebé de dos años cuando ella falleció y ahora tiene cuatro años.
"Yo nada más he venido dos veces, cuando la sepultamos (y ahora), pero ella no sé dónde está, es donde hay una cruz, ahí está mi chiquita mía, no la hallo, ¡cómo no pregunté ahí (en las oficinas del panteón)!", dijo entre lágrimas.
Al preguntar si había alguien que podía ayudarla, el reportero de MILENIO Monterrey se dirigió a la administración del panteón, y ahí preguntó a Ludivina Reyna Salinas y Rosalinda González, quienes pudieron hallarla: lote 69, sección 1, tramo 27, en la zona poniente, donde posteriormente uno de los auxiliares en mantenimiento encontró la tumba.
Doña María Teresa estalló en lágrimas de alegría…
"Estoy feliz… me hago la ilusión de que la estoy viendo, era muy guapa mija, ojalá me hubiera traído una foto; le hice su fiestecita de 15 años, como Dios me dio licencia; (ella) era muy hogareña y guapa para hacer de comer, el ´pelado´ que se la llevó a su colonia, la tenía malcomida.
"Yo no había venido a verla, pero ahora ya con eso a ver si dejo una seña (para no perderme)… voy a pedir limosna para ponerle de perdido dos hileritas de blocks, yo quisiera tener dinero para hacerle su lapidita, pero no se puede. Yo estoy enferma del corazón, mijo, pero aquí andamos, ya tenía muchas ganas de ver a mi nieta… soy bien pobre, tengo mi casa, sí, pero mi esposo murió, luego murió el papá de ella (de su hija), y luego ella (su nieta)", relató.
Teresa Catalina Córdova Carrizales murió en su casa de un infarto, después de que un médico la inyectó, sin saber el contenido de la jeringa, y aunque iba a demandarlo, optó por ya no hacerlo.