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Sábado , 16.02.2019 / 06:24 Hoy

Si no lees… estás perdido: Mauricio Valdés Rodríguez

Entrevista

El político texcocano hace un recuento de su carrera desde su formación académica y responsabilidades públicas.
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El estudio y la lectura para Mauricio Valdés Rodríguez, presidente del Instituto de Administración Pública del Estado de México (IAPEM), son herencia de las enseñanzas de su padre, quien era periodista; y de su madre, profesora. 

Durante la redacción de un libro de políticas gubernamentales, que proyecta publicar próximamente, compartió que su andar por la vida pública se debe en gran medida a su crecimiento e interés por la lectura. 

Mi filosofía de vida es vivir como puedo. El trabajo siempre debe de hacerse por vocación y convicción, de lo contrario, no tendría calidad o sentido”, asegura. 

Explicó que estos pensamientos fueron pulimentados desde su adolescencia e infancia, en especial durante los primeros años en los que dijo haber vivido cerca de un mercado ubicado en Texcoco, de donde es toda su familia.

Tuvo la oportunidad de publicar un semanario que se llamaba La Voz de Texcoco. “Era un gran esfuerzo” y duró 45 años en el gusto de los lectores . 


La cercanía con su progenitor era tal que tuvo que aprender a leer rápidamente en las galeras donde era impreso el semanario.


Sin embargo, el también ex legislador aseguró que para tener un buen tema de conversación con un periodista como su padre era necesario leer no solamente los periódicos que cargaba diariamente, sino analizar libros para reforzar un vínculo y acrecentar su acervo.

La lectura para mí es básica, si no lees, estás perdido”, afirmó el especialista en Administración Pública quien dentro de las anécdotas de su niñez recordó que Fulgencia, la maestra que le instruyó en este hábito y escritura en primero de primaria, fue fundamental para su desarrollo académico. 

En una de sus clases la mujer dijo una línea que marcó un antes y un después en su preparación: “Para poder escribir y hablar con claridad, hay que tener ideas claras”.

El también académico cumplió 70 años recientemente y desempolvó otro de los recuerdos que le motivaron a la educación y la profesionalización: 

Siendo de una familia de nueve hermanos texcocanos, recordó que por instrucción de su mamá -quien era profesora- diariamente tenían que aprender una palabra nueva del diccionario y compartir su significado a la hora de la merienda, por lo que todos los días aprendían algo nuevo. 

Politólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tuvo la oportunidad de acceder a una beca y estudiar una maestría en la London School of Economics. 

Durante su formación en la máxima casa de estudios del país, tuvo que abandonar Texcoco y vivir junto a su abuelo en la capital, periodo en el que gozó de una buena época en la que disfrutaba de estudiar, hacer deporte, comer con sus compañeros y pasar sus tardes en la biblioteca central de la casa azul y oro. 

De hecho, durante su juventud hizo un círculo cultural llamado “Ignacio M. Altamirano”, derivado de la lectura de uno de sus libros. “Era nuestra manera de divertirnos”. 

Su género favorito son las biografías, sin embargo, las novelas también han formado parte de su formación. 

Para su posgrado, obtenido a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), tuvo que cruzar el océano y regresar con el grado. “Salir a estudiar con una beca a Londres ya era todo un privilegio”, admitió. 

A pesar de residir en Toluca, en lo que refiere al futbol, para él los “número uno” siempre serán los Pumas. En su juventud los deportes favoritos fueron la natación y el basquetbol, aunque también se inclinó por el ajedrez, instrucción que fue angular para su carácter. 

El ajedrez es toda una disciplina, toda una educación. Te enseña a hacer estrategias y te enseña algo muy importante en la vida: aprender a ganar y a perder; y cuando pierdes, a pedir la revancha, a no quedarse”.

Recién cumplidas siete décadas, la rutina de ejercicios de Mauricio Valdés es especial y prefiere realizarlos de manera individual.

Una escaladora es indispensable y subir pendientes, “lagartijas” y el levantamiento de mancuernas son los básicos, al igual que las caminatas. 

No obstante, compartió que su rutina de ejercicios está completa cada domingo cuando sube con amigos de toda la vida el Cerro del Tezcutzingo, ubicado en Texcoco. 

Describió estos paseos dominicales como extraordinariamente energéticos porque el ritmo de la charla y el andar de su compañía le ayudan a contar con un referente cercano de qué es lo que pasa en el pueblo, además de reforzar lo más importante: el lazo de amistad. 

LC

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