Política

Lluvia concede plaza llena para Sheinbaum en segundo Grito: "Sólo venimos a verla a ella"

Entre música, baile y arengas para las mujeres de la historia, la Presidenta reunió a 300 mil personas en el Zócalo capitalino.

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El cielo, que el año pasado propinó un aguacero implacable, perdonó esta vez. No cayó ni una gota de lluvia. Y así, con el aire fresco, pero no húmedo, la bandera pudo lucirse majestuosa, tal cual es, sobre el Zócalo capitalino, agitada por las ráfagas de viento que, al mismo tiempo de ondearla por encima de la multitud que abarrotó la plaza, también alejó las pocas nubes que pudieron amenazar la velada. Aunque entre la gente casi no hubo banderas agitándose —no dejaron pasar palos—, en las cimas de los edificios públicos, incluido el Palacio Nacional, sí bailoteaban con el viento. El atardecer fue gozoso. Y la noche cayó sin contratiempos.

Fue entonces cuando las imágenes luminosas de los edificios que rodean a esta plancha terminaron de embellecer el ambiente, ya impregnado de fiesta, de ánimo, de patriotismo, de orgullo mexicano.

En estos tiempos de mujeres, fueron los gallardos rostros de personajes femeninos de la historia patria los únicos que, con el águila y el escudo nacional, engalanaron la arquitectura de la Plaza de la Constitución: Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario Fernández, Gertrudis Bocanegra, María Ignacia La Güera Rodríguez.

A lo lejos, siempre desde la bocacalle de Madero, allá por Eje Central, la Torre Latinoamericana también lució brillante, erguida siempre, al caer la noche.

Josefa Ortiz fue uno de los rostros que aparecieron este 15 de septiembre
Josefa Ortiz fue uno de los rostros que aparecieron este 15 de septiembre en el Zócalo. | Foto: Ariel Ojeda

En el centro de la plaza, aferradas a una de las vallas que cuadricularon el espacio, Mónica, maestra de primaria, y su hermana Beatriz, esperaban desde las cuatro de la tarde, cuando llegaron de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, para cumplir con su sueño de ver de cerca a la presidenta dar su segundo grito de Independencia. “Sólo venimos a verla a ella”, dijo.

Llegaron temprano para encontrar ese lugar privilegiado, casi hasta el frente, del que no se movieron para celebrar con la multitud y haciendo eco a las arengas de Sheinbaum, su nacionalidad, su historia, su identidad.

“Amamos nuestra etnicidad. Estamos aquí para reconocerlo, sabemos que somos de descendencia maya y que, dentro de ella, hay diferentes grupos étnicos, de los que se derivan los zoques, los tojolabales, los mames, los choles, tzetzales, lacandones... Todos ellos vienen del origen maya, y lo reconocemos y lo amamos, nos representa”, platicó Mónica alegremente.
“Por eso no me opero mi nariz. Me representa, es la nariz maya (la muestra de perfil). Y yo sé que esa nariz la tuvo mi papá y la tuvo mi abuelo, y mi bisabuelo. A mi bisabuelo Marcos lo trajeron los zapatistas, llegó hasta Oaxaca”, presumió sus raíces, mientras en el escenario principal, donde más tarde coronaría la noche el grupo Intocable, suenan canciones tradicionales mexicanas.

Sonaba El Sinaloense. Y la multitud creciente se contoneaba al ritmo de la banda. Luego, El Triste. Más tarde, El Rey. Bailan, cantaban, reían.

Una mujer agitaba la cabeza, sobre la que cargaba una miniatura de ‘torito’ —ese juego que en las fiestas de pueblo se enciende con pirotecnia y persigue al gentío— encendido con lucecitas de colores. Es la novedad entre los vendedores informales.

Un señor con gorra de Comex y playera de México zapateaba al ritmo de la banda. Un niño de brazos hacía bolas una bandera entre sus manos. Una mujer de blusa roja y tocado patrio bailaba con su novio. Una señora de blusa rosa mexicano se movía con la música. “Eh, eh, eh”, la animan. A otros los cargan entre varios y los arrojan al aire. Se carcajeaban.

La multitud levantó a algunas personas en el aire
La multitud levantó a algunas personas en el aire como parte del festejo. | Foto: Ariel Ojeda

Había personas con gorras blancas que decían “Ciudad de México, presente”. Un celular se alzaba con un bastón para capturar las imágenes del ambiente. La señal de celular iba y venía.

En el tiempo que estuvo esperando a que llegara la hora del grito, Mónica también se puso a observar detenidamente la fachada del Palacio Nacional, ese cuerpo central de casi 30 metros de altura, que enmarca la histórica campana de Dolores, y en el que se quedó plasmada nuestra historia: las efigies de un guerrero azteca y la del conquistador, debajo del relieve de un sol. “El dios Tonatiuh”, dijo Mónica.

Muy cerca de ella, esperaba también don Francisco Coronel, de 88 años, vestido de sombrero y botas vaqueras, y sus cuatro hijos. Más de 46 años los dedicó a servir al gobierno de la ciudad, antes Distrito Federal. Hoy está jubilado y ansiaba ver a la Presidenta desde el espacio asignado a los burócratas y exburócratas, soldados, marinos, y sus familias: hasta enfrente.

“Somos parte de la construcción de este país”, dice orgulloso.

—¿Qué opina de la situación actual del país?—, se le pregunta.

"Quiero decirle algo importante. Nuestra Presidenta de la República está pasando por un momento muy difícil para ella, pero, a nombre de mi familia, le deseamos que Dios la bendiga. Ellas (señala a sus hijas) se tienen que sentir orgullosas porque tenemos, por primera vez, a una mujer dirigiendo un país tan generoso como este".

Exactamente a las 11 de la noche, la espera terminó.

Con un vestido floreado, Sheinbaum volvió a aparecer, por segunda ocasión, en el balcón presidencial para elogiar a las mujeres heroínas — añadió a Antonia Nava, La Generala— y a los héroes de la patria, a los pueblos indígenas y afromexicanos, a los migrantes, la dignidad del pueblo de México, la libertad, la igualdad, la justicia y la democracia.

El gentío replicó desde la plaza.

Por segunda ocasión, la presidenta Claudia Sheinbaum salió al balcón de la sede del Ejecutivo federal
Por segunda ocasión, la presidenta Claudia Sheinbaum salió al balcón de la sede del Ejecutivo federal. | Foto: Ariel Ojeda

A unos metros de ese balcón, Moisés Morales, de 38 años, la vio lo más cerca que pudo. Es marino, a punto de retirarse luego de 20 años de servicio. Y como regalo de despedida, vino a ver a la mandataria.

“Desde que llegué quise estar aquí, o sea, no me importa todo lo demás mas que estar aquí, vivir este momento, como que mi despedida”, dice con un poco de nostalgia, pero también con orgullo y patriotismo.
“Yo sí daría la vida por mi país, por por mi gente. He vivido enfrentamientos y gracias a Dios, no me tocó (morir). Decía un comandante que todos tenemos una bala destinada a nosotros, aquí o en cualquier otro lado, pero hasta ahorita no me tocó”, dice.

Así, vivo, valiente, prófugo de esa bala, vino a gritar: ¡Viva México!

EHR

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Rafael Montes
  • Rafael Montes
  • Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Reportero desde 2008. En 2016 se incorporó al equipo de Grupo MILENIO para cubrir Política y asuntos especiales para diario, web y televisión. Aunque sus temas favoritos actuales son transparencia y rendición de cuentas, también le gustan las historias de la gran ciudad.
Gaspar Vela
  • Gaspar Vela
  • Trabajo en medios de información desde 2008. Soy reportero de Grupo MILENIO desde octubre de 2021, donde he realizado cobertura política y de seguridad. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UVM Lomas Verdes; estudié una maestría en Periodismo Político en la EPCSG.
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