De administrar su ganancia vendiendo periódico de niño a administrar el presupuesto más grande que asigna el Gobierno Federal, el de la SEP, han pasado más de 50 años, tiempo tras el cual Héctor Garza González es el primer tamaulipeco llamado a colaborar en el primer gobierno de izquierda en la historia reciente de México.
Nacido en Reynosa un 11 de noviembre (1956), el titular de la Unidad Administrativa de la Secretaría de Educación Pública se declara un apasionado de la política y del beisbol.
Considerado el mejor amigo de Andrés Manuel López Obrador en el estado, Garza González, licenciado en Administración de Empresas y padre de cuatro hijos, dice no tener muchos recovecos en su vida.
¿Cómo fue su infancia?
Muy plena. Vengo de una familia muy modesta, mis papás eran obreros calificados, trabajaron en el Seguro Social pero muy apenas terminaron cuarto año de primaria y con base en su esfuerzo logré ser el primer profesionista de la familia y a partir de ahí fui creando sueños. Mi infancia la viví entre Reynosa, mi ciudad natal y una adoptiva que me dio el enraizamiento final, Mante, donde estuvimos tres años porque a mi papá lo enviaron a trabajar allá.
¿Y cómo era de niño?
Imagínate, yo vendía periódico, vendía la extra, luego por eso dicen que en la SEP administramos más o menos bien el erario, les digo que es porque a mí me enseñaron que 5 centavos valían mucho, era la comisión que me daban por vender la extra.
¿Qué edad tenía entonces?
Nueve, 10 años y hasta los 11. En Mante mi mamá tenía un restaurancito y mi papá trabajaba en la algodonera, yo le ayudaba a mi mamá a repartir órdenes de tacos de harina, su especialidad.
¿Qué es lo que más disfrutaba de esa época?
Con el dinero que me quedaba de vender la extra y repartir tacos, compraba historietas que para nosotros eran oro molido, en aquel tiempo las rentábamos en 10 centavos, Memín Pinguín, Kalimán, el Llanero Solitario, nos divertíamos mucho.
¿Cuál es su mayor pasión en la vida?
Tengo cuatro: mi pasión por Dios; la familia; la política y, no me lo vas a creer, el beisbol.
¿Y el beisbol?
Desde chavillo jugaba beisbol y no me estoy acomodando como otros que ni siquiera saben tirar una pelota y ahora andan comprando bate y guante.
¿En qué momento llega el cosquilleo por la política?
Era representante de alumnos en una preparatoria federalizada, les habíamos ganado a los fifís, hablaba por los compañeros, traíamos a raya a los maestros.
Todo iba bien, pero nos comunican que nos van a aumentar la colegiatura y que se va a acabar la prepa de cooperación, no estuve de acuerdo, la Federación nos iba a quitar el subsidio.
¿Y qué hizo?
Venía a Reynosa el candidato a la Presidencia de la República, José López Portillo, me paro en medio de la carretera a esperarlo, yo llevaba ¿Qué momento marcó su vida?
Llegamos al Mante, seguía de brigadista, de avanzada, recogiendo peticiones, y me subo al templete, vi venir al candidato 50 metros atrás y cuando se acerca, faltando unos 30 metros, empiezan a tronar cuetes, y se oye la algarabía de la gente y ahí en ese momento dije, ésta es mi vida, tenía 17 años.
¿Qué hace en su tiempo libre?
Lo dedico mucho para ver deportes, beisbol, basquetbol, tenis, softbol y futbol.
¿Qué es lo que más lo relaja?
Me relajo mucho yendo al súper, andar por los pasillos comprando carne o latería, me da mucha tranquilidad.
En México lo hago antes de llegar a mi departamento en la noche.
¿Cuándo conoció a López Obrador?
En 2005, él me invito a que le ayudara, primero me invitó Manuel Camacho Solís, y después él me invitó a coordinar el movimiento en 2006, cuando nadie nos quería y decían que estábamos locos. Soy su hermano de lucha.
¿Qué anécdota destaca con el Presidente?
Un día trabajamos 20 horas, solo dormimos cuatro, era yo candidato a gobernador y teníamos gira por la Ribereña.
A él le he aprendido eso, que la vida es disciplina, y al igual que él me energiza el contacto con la gente.
ELGH