Política

Sábado de vacunación

En el Centro Médico Siglo XXI, a una buena parte de las personas que están formadas no les concierne ni la fecha, ni la alcaldía, ni el tipo de vacuna.

Que la fila para vacunarse con AstraZeneca alcance a darle la vuelta al Centro Médico Siglo XXI no sería noticia si no fuera porque a una buena parte de las personas que están formadas no les concierne ni la fecha, ni la alcaldía, ni el tipo de vacuna. “Unas vienen desinformadas o mal aconsejadas, pero hay otras que ya vienen con la mala intención de saltarse el día que les toca”, te dice G, una de las servidoras de la nación que permanecen paradas en la entrada del centro de vacunación, revisando que no haya ninguna falla en los documentos.

Pero las hay.

“Hasta ha habido gente que nos ha pegado”, te lo dice sin ningún afán revanchista. Te cuenta, entonces, que el otro día empujaron a una servidora de la nación. Que, a fines de septiembre, unos jóvenes le pegaron a un chico de la Secretaría del Bienestar capitalina. Y te cuenta que, hace apenas un rato, hubo una pareja que se puso bien pesada. Tan pesada como la pareja que, justo en este momento, G tiene enfrente.

“Hoy sólo les toca a los de 30 a 39 y que se hayan vacunado antes del 10 de julio”, les avisa G. “Pero a nosotros nos llegó el MSM del Gobierno de la Ciudad”, se defiende el hombre y amenaza, hasta que le ofrezcan una explicación, con quedarse en la fila en la que lleva formado dos horas. G, celular en mano, le responde con datos que obtiene de la internet:

“En el registro dice que te vacunaste el 15 de agosto, aquí en la Cuauhtémoc, con el grupo de edad de 18 a 29. O sea, no te vacunaste en julio, cuando te tocaba. Ahora tienes que esperar a que se cumplan las 12 semanas para ponerte la segunda dosis”. A la pareja no le parece suficiente la aclaración y es ahora la mujer que reclama. Llega un funcionario del gobierno capitalino, uno con el pelo pintado de amarillo, quien les repetirá lo que G les ha dicho. “¡Deberían de poner un letrero para que no nos hagan perder el tiempo!”, se queja la pareja y se va maldiciendo a G.

“La gente se enoja con nosotras como si nosotras pusiéramos las reglas”, te dice G y te invita a que te quedes cerca de la entrada para que observes el comportamiento humano.

Entonces observas a gente rica y pobre que se han dejado venir de otras alcaldías, como las señoras Alicia y Ernestina que se trasladaron desde Iztapalapa porque un pariente les dijo que según hoy sábado 2 de octubre vacunarían a todos los rezagados. O como Gabriela, que viene de la Magdalena Contreras porque según lo oyó en las noticias.

Observas a gente que no trae ninguna identificación oficial que los ampare, como Daniel, que jura y perjura ser vecino de la colonia Doctores, pero que no logra convencer a la servidora de la nación. Y observas a gente gandalla que aprovecha los descuidos para meterse a la fila o gente que se forma de nuevo, pese a que le han advertido que no la vacunarán, por el simple hecho de que hoy no les corresponde.

También observas a gente que llega con el apuro por delante: “Es que mañana me voy a otro estado a trabajar y no podré venir cuando me toca”. “En mi trabajo me mandaron a vacunarme, porque si no ya no me van a correr”. “La Sheinbaum dijo que también los de 29 años se podían vacunar”. Y observas a gente quejándose de la mala organización, pero no los escuchas asumir sus errores. Como tu tocayo Alejandro, que se ha ido enojado porque vino a que lo vacunaran con la Sputnik y apenas se fue enterando de que ese laboratorio no hay acá.


Lo que no observas, pero G te ayuda a que lo sepas, es que ha habido gente en silla de ruedas que han fingido alguna enfermedad para no hacer fila y que hay gente que falsifica su fecha de la primera dosis. “Sabemos que la falsifican porque no nos alcanzan las dosis”, te dice P, la compañera de G, quien ahora está tratando de hacerle entender a un señor que no puede vacunarse porque él vive en la alcaldía Miguel Hidalgo. “¡Es mi derecho vacunarme!”, alega. “No le estamos negando la vacuna, sólo le estamos avisando que aquí no lo toca”, se defiende G. “Si la gente no fuera tan necia, este trabajo no fuera tan cansado”, te dice G antes de que se despidan.

Mientras caminas por la avenida Cuauhtémoc y sorteas la kilométrica fila, miras al joven que vende los formatos para la vacunación. “¡A diez pesitos llévate la solicitud; la de la segunda dosis es diferente; llévatela para que no te regresen en la entrada!”, advierte a gritos.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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