Cuando Verónica Delgadillo llegó a la presidencia municipal de Guadalajara, su mapa de prioridades tenía un nombre claro: la basura. La disputa con la empresa Caabsa ocupaba el centro de la agenda y prometía convertirse en el gran obstáculo de su administración. Salió bien librada. Lo que no imaginó es que el agua se convertiría en el problema que definiría su segundo año de gobierno. Incluso que la seguridad, ese desafío que daba por sentado, quedaría en otro término frente a la crisis hídrica que nadie anticipó. Cuando se le pregunta de qué color sale el agua en su casa, responde: “Del mismo color que en la de todos los tapatíos”.
A dos años de haber tomado las riendas del municipio más poblado de Jalisco, Delgadillo reconoce que el agua y la seguridad continúan siendo los dos grandes pendientes de su administración. No son problemas nuevos, pero su magnitud y su impacto directo en la vida cotidiana los convierten en termómetros permanentes de la gestión municipal. Agua sucia y pestilente sale de la llave y la percepción más negativa de los últimos años creció en su segundo año tras el operativo del 22 de febrero y los narcobloqueos.
En entrevista con MILENIO, la alcaldesa hace un balance realista de su paso por el Palacio Municipal, defiende las acciones emprendidas, admite las limitaciones y señala con claridad a la Federación como un eslabón ausente en la solución de los problemas estructurales de la ciudad.
El agua: la gran crisis
El problema del abastecimiento y la calidad del agua potable es, quizá, el que más resienten los hogares tapatíos. No se trata únicamente de que el líquido llegue o no a las tuberías, sino de que llegue en condiciones dignas para el consumo humano: incolora e inodora. “El tema del agua es retador y hoy estamos entrando con todo lo que está en nuestras manos”, sostiene Delgadillo.
La presidenta municipal desglosa el problema en tres dimensiones: disponibilidad, calidad y saneamiento. Explica que, aunque en los últimos años se ha incrementado el suministro, esto ha tenido un efecto colateral no previsto: la presión del agua sobre una red de tuberías envejecidas ha provocado el arrastre de sedimentos acumulados durante décadas. “Cuando ya tienes agua y potencias lo que pasa por tuberías, que tienen muchos años, se arrastra ese sedimento, ese sarro acumulado de décadas”, detalla.
Aunque reconoce las fallas en la calidad del servicio, Delgadillo defiende que durante las últimas semanas se ha registrado una disminución significativa en los reportes ciudadanos, lo que interpreta como un síntoma de que las acciones correctivas comienzan a dar resultados.
Sin embargo, la alcaldesa insiste en que la solución no puede ser únicamente municipal. La infraestructura hidráulica requiere inversiones millonarias y una coordinación metropolitana que trasciende los límites de Guadalajara.
Uno de los temas espinosos que Delgadillo heredó fue la deuda del Ayuntamiento con el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA). Para resolverlo, su administración emprendió una revisión exhaustiva de más de mil cuentas que inicialmente se atribuían al municipio.
“Lo que se hizo con el SIAPA fue revisar todas las obras de infraestructura que también había realizado el municipio. Eran más de mil cuentas al principio y, al final, sólo 311 le correspondían”, detalla la alcaldesa.
El resultado de esa auditoría interna fue un convenio de pago por 211 millones de pesos, de los cuales ya se han cubierto 33 millones. Delgadillo subraya que Guadalajara fue el primer municipio en pagar su adeudo este año, y utiliza el ejemplo para hacer un llamado a la ciudadanía.
Seguridad, el otro reto
El otro gran tema que domina la agenda municipal es la seguridad. El operativo federal del 22 de febrero en Tapalpa, que derivó en el abatimiento del líder criminal Nemesio Oseguera, desencadenó una crisis que puso a prueba la capacidad de reacción de Guadalajara y su zona metropolitana. La alcaldesa vivió la jornada desde el C5, el centro de mando de la ciudad.
Delgadillo destaca la actuación de los elementos de Seguridad, Protección Civil y servicios de emergencia durante la contingencia. Habla con orgullo del desempeño de los cuerpos operativos.
También asegura que la ciudad demostró su resiliencia: “Guadalajara es grande. Puede tener momentos difíciles, pero es más grande que esos momentos difíciles”.
Sin embargo, la estrategia de seguridad municipal no se limita al despliegue policial o a la reacción ante emergencias. Delgadillo asegura haber impulsado una visión que integra la recuperación de espacios públicos, la iluminación, la limpieza y los programas comunitarios como herramientas de prevención. “La visión que tenemos de la seguridad busca construir entornos con mejores condiciones y dinámicas sociales, para impactar positivamente en la calidad de vida de las personas”, explica.
Reclama inequidad
Más allá de las acciones emprendidas por el municipio, la alcaldesa lanza un mensaje contundente al Gobierno Federal: “Guadalajara no recibe el dinero que merece de la Federación. Nosotros y Jalisco, de cada ocho pesos que mandamos, sólo recibimos dos”.
Para Delgadillo, esa inequidad limita la capacidad municipal para atender asuntos como la infraestructura hidráulica, la seguridad y el mantenimiento urbano. Reclama una redistribución justa que reconozca el peso económico de la capital jalisciense y su papel como motor de la región.
A dos años de iniciada su administración, Verónica Delgadillo reconoce que los problemas estructurales de Guadalajara no se resuelven en un trienio. El agua y la seguridad siguen siendo los principales desafíos, y la alcaldesa admite que resolverlos requerirá coordinación metropolitana, inversión sostenida y la participación activa de los tres órdenes de gobierno
SRN