Para aprensión de todos aquellos a quienes nos gustaría que los caníbales y la carne que consumen fueran materia sólo de ficción, para aversión de quienes ven esta práctica culinaria como algo restringido exclusivamente a ceremonias de carácter místico-religioso en un puñado de culturas enterradas por el paso y el peso de la historia, y para repulsa de quienes no condonan pero entienden, gracias a historias de supervivencia andina y de otras latitudes, debemos rumiar mentalmente y asimilar que el neurólogo Simon Mead y sus colaboradores han hallado fuerte evidencia en nuestros genes de que los festines antropofágicos nos han acompañado durante la evolución de nuestra especie.
Una (pre)historia difícil: De caníbales, priones y kuru
No podemos evitar ponernos en la piel de quienes se han visto forzados a sobrevivir recurriendo al canibalismo durante una situación extrema.
Ciudad de México /