Ciudad de México /
Hoy el más famoso y también más extremo portavoz de la visión antimexicana es el candidato a la presidencia por el Partido Republicano, Donald Trump. Un jugador oportunista en un juego conocido, pero que aporta colores distintivos a su equipo. Trump surgió como un mensajero carismático y un hábil manipulador de un discurso de odio muy arraigado en su país. Su retórica antimexicana debe ser entendida como el eco de pasados señalamientos de intelectuales demagogos pero también de importantes sectores sociales.