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Lunes , 25.03.2019 / 23:05 Hoy

La brevísima primavera de una política sobre drogas

El 9 de marzo de 1940 se abrió el primer dispensario para toxicómanos en la Ciudad de México.
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Un testigo directo de la aplicación de esa política sobre las drogas fue el escritor José Luis Martínez, a la postre director del Fondo de Cultura Económica, pero en ese entonces estudiante de medicina. Él visitó el dispensario de la calle de Sevilla y aseguraba: “Allí se inyectaba a los drogadictos. Bastaba decir su nombre, confesar su adicción y pagar la moderada cuota fijada… Todos los días había largas colas, y se contaba que a Agustín Lara y a ciertas señoronas, un médico iba a sus casas a darles sus dosis. Me consta que el sistema funcionaba y que sólo se cobraba el costo bruto de la droga, más los gastos de operación. Y para los drogadictos, esta reducción implicaba una reducción de actos criminales. Las drogas podían venderse en las farmacias, con recetas especiales de los médicos”.

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