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Viernes , 22.03.2019 / 11:04 Hoy

Jesús Zambrano, 'El Tragabalas'

El líder de la Cámara baja y militante del PRD se relacionó con grupos armados en su natal Sonora al inicio de los setenta, para luego realizar acciones como integrante de la Liga Comunista 23 de septiembre.
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Algunos la conocen, otros, la mayoría, simplemente no. La etapa guerrillera del actual líder de la Cámara de Diputados determinó su decisión de cambiar al país, la cual continúa a través de la actividad política tanto en su partido, el PRD, como en el Congreso de la Unión.

¿Cómo comenzó su carrera en la guerrilla mexicana?

La preocupación por los temas sociales creo; al ser yo hijo de un ganadero mediano en Empalme, Guaymas, siendo un centro ferrocarrilero alrededor del cual giraba, a grandes rasgos, la economía del lugar en aquel entonces, fue natural. Recuerdo que cuando estaba en tercero de secundaria ya tenía muchas inquietudes de carácter social, teníamos un periódico que se llamaba Empalme Cultural, una gacetilla dedicada a la cultura, pero en donde abordábamos problemas de la gente local.

¿Involucrarse en actividades fue producto de experimentar o plasmar alguna injusticia en "Empalme Cultural"?

No, no. Más bien fue entre mis ires y venires a Empalme, pues iba a la preparatoria en Hermosillo cuando me comenzaron a llegar los ecos de lo que había sido el 68; nos enteramos por los pocos medios de comunicación de allá, a cuentagotas, que se había dado algo así como un choque, un enfrentamiento de los estudiantes con el ejército y que había algunos muertos. Entre 1968 y 1970, más bien, fue cuando establecí contacto de nuevo con mis profesores de secundaria, que también daban clases en la preparatoria de Empalme; cuando venía de Hermosillo me reunía con ellos para jugar ajedrez. De esas sesiones de ajedrez pasamos a organizar lecturas.

¿Profesores de qué?

Curiosamente uno, el que me influenció más, era de Historia, de hecho él había sido mi profesor de sexto de primaria. Gracias a él yo logré salir con muy buenas calificaciones y gané un concurso para venir a la Ciudad de México. Sé que a los niños estudiosos del país les siguen dando premios de ese estilo, lo siguen haciendo. Uno se ganaba ese viaje por su esfuerzo y por ser un muy buen estudiante.

¿Cómo se llamaba ese profesor?

Roberto Ceceña Ceceña. Con él sembré una profunda amistad. Él me había dado historia. Y junto con mi profesor de física y matemáticas de la secundaria, Ramiro Ávila, me empezaron a dar lecturas sobre el marxismo, El Manifiesto Comunista...

¿Cómo llevaban a cabo las lecturas?

Éramos un grupo no muy grande, como de seis, ocho amigos; casi todos éramos de los estudiosos. Yo tenía 16, 17 años cuando hacíamos esas lecturas. Siempre me ha gustado mucho leer y estudiar. Y bueno, fue con ese grupo de estudio que comencé a abrir mis perspectivas, a tener conciencia, a reinterpretar la historia de México, la historia oficial; fue así que comenzamos a dimensionar lo que realmente había pasado el 2 de octubre de 1968.

En esa época, lo recuerdo bien, fue cuando salió Demetrio Vallejo de la cárcel, pues había sido preso político. Este líder ferrocarrilero fue a Empalme y nosotros, junto con un grupo más amplio, lo recibimos. Y es que al salir de la cárcel él comenzó un recorrido por los principales puntos de lucha del movimiento ferrocarrilero, y Empalme era uno de ellos. Incluso aún andaban por ahí los viejos dirigentes del lugar. En fin, que todos juntos hicimos una recepción, y ahora te comparto que fue algo muy especial escuchar directamente a un gran líder de ese calibre. Poco antes de esto, en el Valle de Guaymas se dio algo peculiar: unos trabajadores agrícolas se habían ido a un paro de labores, pues exigían mejores condiciones de trabajo y de vida, y mejores salarios. Ellos se unieron a nosotros, fue curioso. Se acercaron pidiéndonos asesoría y apoyo, y nosotros los ayudamos.

¿Esto quiere decir que aquel grupo de estudio ya tenía cierta resonancia en la comunidad?

Sí, sí. Se comenzó a decir que por ái había un grupo inquieto de estudiantes que se reunía a leer y a estudiar, pero, sobre todo, que se preocupaba por las causas sociales. Ya muchos los conocían, sobre todo a los maestros. Eso para mí fue comenzar a entrar en contacto con asuntos y casos más reales, ya no solo eran pasajes que leía o analizaba en el grupo.

Ahora se me viene a la mente, por ejemplo, un evento previo al 68, algo que sucedió en 1967. En Sonora se había dado también, estando nosotros en segundo de secundaria, una protesta de estudiantes en la Universidad de Sonora, en Hermosillo, por la imposición de un candidato del PRI a la gubernatura del estado y que, por algunas circunstancias, derivó en un movimiento más amplio. Aquello creció y hasta hubo una huelga de varias escuelas en todo el estado: secundarias, preparatorias, la propia Universidad. Fui a los mítines y escuché a todos los líderes. En fin, me estaba empapado de todas esas adversas circunstancias. Eso dejó una semillita en mí, de ahí que estos profesores, que ya eran toda una referencia para la comunidad, me hayan marcado.

Nosotros los comenzamos a acompañar en sus misiones, en sus luchas; se generó todo un movimiento; recuerdo que en fines de semana y en las vacaciones de verano nos íbamos a varios lugares, a campos agrícolas y ejidos del Valle de Guaymas, en Empalme, y otros más, a hablar con la gente sobre los problemas que enfrentaban día con día. Fue así que me fui sensibilizando, descubriendo otro mundo, otras realidades.

Supongo que eso lo impactó.

Sí, me impactó de esta manera. Yo tenía perfilado estudiar físico-matemáticas y no tenía duda de que saldría adelante, pues era de los "dieceros" y como me gustaba el estudio, pues, sería un alumno aplicado y dedicado. Sabía que al final yo podría llegar a ser alguien relevante en el campo de las ciencias, pero me pregunté de qué iba a servir si la realidad de muchísima gente en mi país es otra.

Es decir, criticó al científico que ya llevaba en usted.

Pues sí... lo critiqué en el sentido de figurar uno como científico mientras, por otro lado, existía gente sin ninguna posibilidad de progreso real.

¿No pensó que por medio de la ciencia y las físico-matemáticas podía ayudar a la gente?

No. Lo que pasa es que aquel grupo que mencioné entró en contacto con otros personajes que provenían del sur del estado, de Obregón y de Hermosillo, que llegaron después para platicar con nosotros. En esas charlas fue que nos expusieron con más amplitud todo lo que ellos sabían que estaba ocurriendo en otras partes de México. Eran maestros normalistas y nos convencieron de que la única salida que había para resolver los problemas del país era mediante la lucha armada. Y fue entonces que comenzamos a tener lecturas que tenían que ver con la historia del movimiento guerrillero, de los grupos de otras partes del país y del mundo; de la experiencia cubana, de Fidel Castro, de los libros famosos como La historia me absolverá, El diario del Che Guevara (su epopeya en las selvas bolivianas)... estudiamos una reinterpretación de lo que habían sido diversos movimientos sociales del país, y en fin, como todos habían acabado en represión por parte del Estado, pues ya para ese entonces estábamos convencidos, como conclusión, que dada ésta represión a los movimientos sociales, la única salida era la lucha armada.

¿En qué momento se dio su primera operación guerrillera?

Quedamos en que seguiríamos estudiando, pero que en determinado momento nos tendríamos que involucrar en la actividad guerrillera. Y para eso había que prepararse. En ese tiempo, ya terminada la preparatoria y empezando en la universidad en Hermosillo mi carrera en físico-matemáticas, comenzamos a realizar ciertas actividades: caminatas con mochilas, aprendizaje de tiro, composiciones con pistolas o rifles 22, que en ese entonces se conseguían. Pero fue prácticamente en 1972 cuando decidí dejar los estudios universitarios para seguir preparándome de lleno en la lucha.

¿Cómo se organizaban? Platíqueme un poco.

Como parte de nuestra incursión en la guerrilla, era un hecho que muchos de los jóvenes que entonces querían cambiar al mundo estábamos convencidos de que la única vía era la armada. Así que, siendo ya parte formalmente de aquel grupo revolucionario sonorense de jóvenes, al que pomposamente llamamos Fuerzas Armadas de la Nueva Revolución, nos vinimos a la Ciudad de México para, en principio, unirnos a otro grupo que nos llevaría a un campo de entrenamiento en la Selva Lacandona. Pero, al parecer, a este grupo lo descubrió la policía política, por lo que un buen día, de rebote, nos caen a nosotros en el departamento donde vivíamos en la colonia Portales, y allí detienen a mi hermano, pues éramos dos hermanos que andábamos en esto, él también físico-matemático, pero otros tres compañeros y yo escapamos de la policía corriendo y brincando por las azoteas de los edificios vecinos.

Ahí entonces, pues ya nos habían identificado también a nosotros y comenzamos a ser buscados. Esto no era un fenómeno aislado, pues hay que decir que la policía política prácticamente había desmantelado a la gran mayoría de los grupos y pequeños movimientos armados dispersos del país, muchos que ni siquiera se conocían entre ellos. Esto derivó en que los líderes de estos grupos comenzaran a pugnar, con todo lo difícil que esto representaba en aquellos tiempos en términos de comunicación, por la necesidad de que todos nos aglutináramos en una sola organización. Fue en ese momento en que se maduró la idea de una organización más amplia, más grande, una organización nacional guerrillera. De ahí surgió La Liga Comunista 23 de Septiembre.

Yo, al estar siendo perseguido por la policía, me había ido a Culiacán con unos familiares de unos amigos míos. Ahí fue cuando, después de cierto tiempo, me reconecté con lo que ya más o menos era en forma La Liga 23 de Septiembre, en 1973.

¿Ya estaban mejor articulados?

Yo digo que sí. Que estábamos mejor organizados. Ahí se consolidó la idea de poder llevar a acabo varias acciones guerrilleras de a de veras. Nosotros, por ejemplo, participamos en lo que llamamos una huelga armada.

¿Qué es eso de la huelga armada?

Es un trabajo que ya habíamos hecho durante meses con obreros, jornaleros agrícolas, del Valle de Culiacán, y con estudiantes de la UAS. En enero de 1974 se dio ese ensayo de insurrección. Se fueron a paro alrededor de 50 mil trabajadores agrícolas en plena zafra de hortalizas del Valle de Culiacán; luego entonces, se dieron enfrentamientos en los lugares de trabajo entre las guardias blancas de los líderes vendidos de los trabajadores y los compañeros de La Liga.

A mí me tocó el paro laboral de centenares de obreros de la construcción en una unidad habitacional del Infonavit que estaba en las afueras de Culiacán, al norte. Nosotros asaltamos un banco de armas en una sede de Recursos Hidráulicos de ese lugar.

Hubo un paro con acciones fuertes y violentas en el centro de Culiacán llevado a cabo por estudiantes de la UAS. Todas las acciones se dieron estratégicamente en un solo día. ¡Fue impactante y muy sorpresivo! Así que, claro, eso alarmó al gobierno federal. Esto fue el 16 de enero. El 17 ya estaban aterrizando paracaidistas en el lugar, se llenó el Valle de Culiacán de policías y elementos del ejército, persiguiendo a medio mundo, intentando dar con los cabecillas con el fin de evitar que se repitieran esas acciones.

Por último, ¿qué le dice el apodo 'El Tragabalas'?

¡Aaah! Te cuento. ¡Mira qué curioso! Fue en esta persecución en donde agarraron a varios líderes de la Liga. Entre ellos a uno que, por el trabajo de propaganda y "despistolización" (identificar policías encubiertos y despojarlos de sus armas) que habíamos llevado a cabo juntos, sabía dónde estaba la casa en que trabajaba la célula a la que pertenecíamos. Así que, luego de golpearlo y torturarlo, condujo a los agentes de la policía política al sitio de nuestra célula. En fin, que un buen día, cuando nos dimos cuenta ya estábamos rodeados de policías. Ahí se dio el enfrentamiento. En medio del caos, yo le había disparado a alguien que estaba intentando saltar una barda. Pero había muchos policías, muchos. No dimensionamos el tamaño del cerco que era enorme.

Nosotros solo teníamos pistolas, y ellos, claro, contaban con todo. Por lo que si salíamos así como así, pues nos iban a matar, así de sencillo. Decidimos entregarnos. Gritamos que nos entregábamos. Entraron dos policías. Uno de ellos, para mi mala suerte, era el sujeto al que yo le había disparado. Y ese, estando yo con las manos arriba, me gritó: "Tú quisiste matarme, hijo de tu tal por cual". "Pero si ya estamos entregados", le respondí. Y así, sin más ni más... ¡me disparó! Me disparó directo a la cabeza, pero no me dio. Eso detonó una balacera de todos los que estaban afuera. En medio de aquella balacera yo le grité: "Ya no dispares, cabrón, si ya nos entregamos, ya nos rendimos". "Pero tú me quisiste matar", volvió a gritar... ¡y de nuevo que me vuelve a disparar!

Esta vez, el balazo me entró por la boca, me quebró la mandíbula y me salió por la parte posterior del cuello. De ahí surgió el apodo de El Tragabalas.

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