La cultura popular dicta que 'más vale una nalgada a tiempo', la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (Enapi) dice lo contrario.
El plan de trabajo que se implementará durante este sexenio, tiene entre sus objetivos principales eliminar los métodos de disciplina violentos contra los menores de edad.
El panorama en México no es alentador, aquí se educa con pellizcos, jalones de orejas, manazos, nalgadas, cinturonazos o gritos. Son disciplina, pero violenta.
De acuerdo con el diagnóstico realizado por el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), en el país el 50.4 por cientos de niñas y niños de entre uno y cinco años ha estado expuesto a algún método de disciplina violenta. En particular, explica que al menos el 36.8 por ciento ha recibido alguna forma de castigo físico.
Pero lo más alarmante es que el 3.2 por ciento de niñas y niños han sido sometidos a castigo severo y por eso requiere especial atención del gobierno.
Disciplina obligada con violencia
Para dimensionar este fenómeno, vale mencionar que en 2025 se estimó que había 12 millones 311 mil 68 personas, de cero a cinco años, en México. Es decir, de ellos, más de 6 millones de son víctimas de este tipo de crianza.
Por ello uno de los ejes principales de la Ruta Integral de Atenciones, hilo conductor de la estrategia, es la prevención, detección y atención a todas las formas de violencia. Este trabajo deberá dirigirse principalmente a padres de familia y cuidadores
“Impulsar campañas de comunicación y de cambio social y de comportamiento, dirigidas a madres, padres, personas cuidadoras y comunidades, para promover prácticas de crianza positiva, cariñosa y sensible; el uso de metodologías no violentas de disciplina; el fortalecimiento del desarrollo socioemocional, y la prevención de todo tipo de violencias en la primera infancia”, dice el documento de trabajo revisado por MILENIO.
Los encargados de implementar este plan en específico son el DIF, las secretarías de Salud, Educación, Gobernación, Mujeres, así como el IMSS e ISSSTE.
La intención es promover una crianza positiva, es decir, prácticas de cuidado, protección formación y guía que ayudar al desarrollo, bienestar y crecimiento saludable y armonioso de los menores.
“Tomando en cuenta su edad, facultades, características, cualidades, intereses, motivaciones, límites y aspiraciones, sin recurrir a castigos corporales ni tratos humillantes y crueles, salvaguardando el interés superior de la niñez con un enfoque de derechos humano”, dice el documento.
En este rubro se incluye las acciones de fortalecimiento para detectar cualquier tipo de violencia como negligencia, abandono, maltrato, violencia sexual, violencia digital y riesgos de trata, mediante rutas articuladas entre salud, educación, protección, seguridad y autoridades locales.
Con base en la estrategia, es prioridad el trabajo, ya que la evidencia científica demuestra que las experiencias tempranas determinan la arquitectura del cerebro, influyen en la salud física y emocional a largo plazo y sientan las bases para el aprendizaje y la convivencia social.


Mil días de vida
La Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia tiene como objetivo garantizar el desarrollo integral de niños y niñas en primera infancia priorizando el trabajo en territorio y reduciendo las desigualdades.
En este sentido, plantea mecanismos de coordinación, planeación y seguimiento entre dependencias y niveles de gobierno para priorizar la atención a este sector de la población en cuatro rubros principales, divididos en dos momentos:
- Los primeros mil días de vida (0 a 2 años).
- Los siguientes mil días de vida (3 a 5 años): salud y nutrición, educación y cuidados, protección, bienestar y buen vivir.
“Es una herramienta estratégica y operativa, que organiza la gestión de la atención integral a la primera infancia en los territorios, articulando la oferta de servicios disponibles y adaptándola a la diversidad de condiciones y contextos, y por tanto haciendo más eficiente los recursos, y la atención”, señala.
En los primeros mil días de vida la atención se centra en puntos como atención prenatal, atención segura del parto y puerperio, cuidado inmediatos del recién nacido, acceso a tamices, lactancia y alimentación complementaria, en lo que refiere a salud.
Sobre educación plantea acceso a enseñanza inicial y formación para la crianza positiva. Y en cuanto al tema de protección marca la afiliación al sistema de salud y la seguridad social, y registro de nacimiento oportuno.
Otros objetivos que abarcan todo el periodo de la primera infancia son atención integral a la salud física y mental, vacunación, detección oportuna de desnutrición y sobrepeso, acceso a consultas del niño sano, prevención, detección y atención a cualquier forma de violencia.
Además, contempla la protección social a familias vulnerables; prevención de accidentes; promoción y difusión sobre corresponsabilidad en los cuidados y espacios seguros de juego y recreación.
Romper ciclos
La estrategia tiene como objetivo principal que los menores vivan en entornos protectores, amorosos y estimulantes que favorezcan el pleno ejercicio de sus derechos.
Con la renovación del plan de trabajo, se coloca en el centro la atención a las causas estructurales de la desigualdad, el fortalecimiento de la atención territorial y la consolidación de un estado de bienestar.
“Invertir en la primera infancia no sólo es una obligación ética y jurídica, sino también una de las estrategias más efectivas para romper los ciclos intergeneracionales de pobreza y exclusión, pero también para combatir problemas de salud en la vida adulta y gastos adicionales en atención de enfermedades crónicas”, explica.
Y señala que la primera infancia es una etapa decisiva para el desarrollo de las personas y el futuro del país.
IOGE