Ciudad de México /
Ética y libertad conforman un binomio inseparable. Sin libertad es imposible hablar de ética. Estados totalitarios, vetustos, de "izquierda o derecha" lo mismo da —las comillas no son mías, son de la realidad—, al imponer sus leyes y reglas sobre los individuos, violan principios éticos fundamentales, entre ellos, el de la libertad. Si, además, como suele ser, la falta de libertad se asocia a pobreza, el impasse puede ser infranqueable; la pobreza, per se, limita el movimiento, el libre albedrío.