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Jueves , 25.04.2019 / 17:49 Hoy

Enfermos

En Spinalonga faltaba casi todo. Buena parte del año faltaba agua potable. No había más que un médico en el islote para atender a 300 o 400 enfermos, y era además el administrador del leprosario.

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La lepra ha inspirado siempre miedo. Los prejuicios se acumulan en estratos de siglos, empezando por la idea de que sea un castigo divino, que se transmite de una generación a otra. A la repulsión física que inspiran las deformidades, los cuerpos destruidos, se ha sumado casi siempre una repulsión moral. El hecho de que no hubiese cura contribuía al aislamiento de los leprosos: estaban condenados, sin remedio. Y por eso durante siglos se pensó que para que desapareciese la enfermedad había que hacer desaparecer los enfermos. En Grecia se decidió deportarlos a lugares remotos, aislados, como la isla de Spinalonga. El diagnóstico significaba una condena a cadena perpetua, sin remisión.
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