En náhuatl, la palabra “papalotl” quiere decir “mariposa” y al volar los papalotes, los integrantes de las culturas prehispánicas agradecían al Dios Viento por la vida, explicó Rafael García Salas, defensor del jaguey Zoquiaqui, ubicado en la zona de Xilotzingo, en la junta auxiliar de San Francisco Totimehuacan y quien lucha por la preservación de la cultura indígena y la construcción y elaboración de los cometas de papel.
El desarrollo de un papalote, piscucha, barrilete, pandorga, volantín, chichigua, chiringa o cometa de viento, permite que los menores de edad, jóvenes, adultos y adultos mayores realicen ejercicios mentales, ejerciten sus habilidades y resuelvan problemas para aprovechar el viento para hacerlos volar.
“Se trata de un arte, de una ofrenda, de un agradecimiento. El papalote es una ofrenda al viento, es un agradecimiento porque nos da vida a cada instante que lo respiramos. La ofrenda es el papalote, a las mariposas. Lo importante es que la tradición se mantenga a pesar de todos los obstáculos”, explicó.
Para impulsar el vuelo y la construcción de los papalotes, García Salas organiza el concurso “Viento Libre” a un costado del jaguey Zoquiaqui, área verde ubicada al suroriente de la capital que se encuentra en peligro de desaparecer por la amenaza del desarrollo de nuevos complejos habitacionales.
“Este encuentro lo llamamos Viento Libre, es un concurso de papalotes que cumple 31 años. Algunos jóvenes y adultos, eran niños cuando comenzaron a venir. Hoy ya traen hasta a sus hijos. Eso es lo interesante. Cuando comenzamos no había nada, no había construcciones, teníamos campo. La ciudad ya está aquí. Hacemos un llamado a toda la familia para que participe en este encuentro de papalotes”, explicó García Salas.
Recordó que los pueblos prehispánicos agradecían a la Tierra, al agua, al fuego, llámese Sol o a la Luna, y al viento con el vuelo de los papalotes, tradición que comenzó a morir ante el crecimiento de las ciudades; sin embargo, se busca recuperarla.
“Ellos empezaron a ofrendar los objetos que llamamos papalotes que en náhuatl quieren decir mariposa. Lo más importante es que agradecían al viento porque sentían que era parte de su vida. Ellos fueron buenos observadores y veían el viento. Eran agradecidos. Así nace el encuentro de papalotes porque estábamos viendo que esta tradición estaba terminándose. No los estaban armando los niños y empezamos con ese trabajo hasta que comenzó a llegar la gente”, comentó.
En entrevista, lamentó que el crecimiento de la mancha urbana e intereses económicos estén terminando con espacios verdes que permitan el vuelo de los papalotes.
“Tenemos problemas en este lugar, nos quieren desaparecer, entonces, invitamos a la ciudadanía, a los padres de familia a que apoyen a este llamado a las autoridades para que no sea ignorado este lugar. No queremos que sequen el jaguey Zoquiaqui para que sea destinado para el desarrollo de viviendas”, apuntó.
MPL