Pedro Piña Licona, originario de la localidad de Tlacomulco, perteneciente al municipio de Huauchinango, Puebla, presume con orgullo que su comunidad es productora de juguetes de madera en su totalidad.
Compartió que todos los productos que tanto él como sus paisanos realizan son muy solicitados por mayoreo y los trasladan a gran parte de la República Mexicana.
En su caso, narra que desde hace 22 años inició en este oficio. Actualmente tiene 37 años.
“Inicié desde chamaco. Empecé viendo porque me llamaba la atención que trabajaban con la madera. Me dije, ‘vamos a ver qué se hace’, y empecé jugando y jugando fue como aprendimos. Ya cuando aprendimos había otros señores que ya sabían más, pues nos metimos con ellos, igual de ahí mismo. Ya empezamos a estar con ellos y fue cuando me dijeron, ‘si quieres aprender bien, pues arrímate pa’ca. Es más, te enseñamos’; y así fue como aprendí”.
Recuerda que derivado de que nadie en su pueblo salía a otros municipios o estados, en sus inicios no había cómo transportar su mercancía ni las herramientas necesarias para producir.
Apunta que la necesidad de colocar sus productos lo llevó a salir de su comunidad, “pero poco a poquito fuimos creciendo, porque en el pueblo no había a quién venderle”.
Menciona que al principio, hace unos 15 años, emprendieron esta labor él y otros tres productores, “pero nada más así, a llevar el producto. La gente nos empezó a ver y nos preguntaba, ‘¿los hacen?’, ‘Sí’, y así fuimos vendiendo”.
Refiere que esa fue la pauta para que después todos buscaran su propio mercado: “Ahora ya salen todos. Ahora ya es al revés, ahora ya hay camiones, ya nada más es júntale y ya todo te llega hasta acá o a dónde vayas”.
Productos
Entre sus productos presume la elaboración de literas, jengas, tráileres, camas, yoyos, baleros, trompos, pirinolas, camioncitos, caballetes para pintar, burros para planchar, entre otros objetos más.
“Todo lo hacen allá. Antes no hacíamos pupitres o tráileres porque carecíamos de herramienta, pero pues igual te das a conocer y solitos llegaron los que nos dijeron, ‘yo tengo herramientas para que hagas esto o lo otro”.
Menciona que después el ayuntamiento de la localidad les apoyó y poco a poco mejoró la ayuda, misma que fue en aumento; asimismo, les proporcionaron capacitación, como un curso para la elaboración de tableros de ajedrez.
El artesano señala que antes combinaba este trabajo con las labores del campo, mismas que dejó pues la comercialización de sus productos requiere tiempo y dedicación.
Respecto a las piezas que fabrica, informa que cada una requiere de una madera especial, aunque la mayoría son de pino, “pero hay algunas que sí necesitan un material especial, como el ajedrez, donde se le tiene que dar otro detallado (...) el trompo y el balero también se pueden hacer de encino”.
En cuanto al tiempo que le dedica a cada pieza, asegura que la más elaborada o que requiere más detalles, es el tráiler, “que puede ser de una hora, entre cortar y armar, pero ya teniendo la herramienta especial”.
Él, como muchos de los que se dedican a este oficio, lamenta que la población actual prefiera otras opciones en juguetes “como celulares o tabletas, pero todavía hay uno que otro que nos prefiera”.
Añade que a otro factor al que se enfrentan es la escasez de madera, ya que antes fabricaban con madroño, tipo de madera más dura. También usaban el encino y aile, pero ahora la materia prima encareció y solo se consigue de forma clandestina porque las leyes forestales prohíben su venta.
“En el caso de mi comunidad, hace tiempo padecimos por incendios forestales, pero ya nos recuperamos (...) ahora si cortamos un árbol tenemos la obligación de plantar diez, así como de vigilar que crezcan sanos”.
También menciona el cuidado que mantienen para evitar a los talamontes, “otro de nuestros enemigos”.
Demanda de juguetes
En cuanto a su itinerario de ventas, detalla que en Navidad y Reyes comercializa juguetes, después se dedica a distribuir cucharas, palas, rodillos, molinillos y machacadores. “Todo eso lo vendemos en las plazas”.
En su caso, acude a Nuevo León, Morelos, Guerrero, Guanajuato y Veracruz, entre otros puntos más para vender su mercancía. “En todas partes todavía aprecian este trabajo artesanal, poco, pero todavía lo valoran”, dice.
Marca que los principales compradores son los adultos mayores. “Hay algunos que se acuerdan de los boxeadores, que ya no los ven; o el trapecista o la tablita mágica, entonces nos lo piden y se los enseñan a sus nietos o a sus hijos y así se mantiene la tradición porque se va haciendo la cadenita”.
Añade que lo mismo pasa con el trompo o el balero, mismos que se venden cuando llega su respectiva temporada (marzo en el primero de los casos, febrero del segundo y noviembre en el caso de los yoyos).
Elogia que los mismos padres les enseñen a sus hijos, por lo que asegura que no van a desaparecer, aunque acepta que su uso va en disminución.
“Bajó un poco, pero volvimos a salir y empezó a venderse. Salió el jenga y el xilófono y con eso volvió a salir la madera”.
Para él, este segundo aire suma unos diez años. “Había bajado, como fueron saliendo otras cosas dejaron de hacerlos, pero como volvió a venderse otra vez los estamos haciendo”.
Por último, el artesano anuncia que en promedio logra vender en esta temporada unos 50 juguetes al día, al ser del 2 al 5 de enero los días más fuertes.
MPL