En 1817, el barón alemán Karl Christian Ludwig Drais von Sauerbronn inventó la Laufmaschine, “una máquina de andar o máquina andante”. Ese fue el nombre que le dio a ese vehículo precursor de la bicicleta.
Desde entonces han pasado más de 200 años y gracias a la también conocida como draisiana, se inventó el automóvil, la motocicleta, la aviación y es responsable de la creación de las leyes viales, también de que las vialidades se transformaran de ser de piedra al pavimento y actualmente a ser de concreto, destaca Domenikos Ruiz Muñoz, curador del Museo de la Bicicleta que se localiza en la ciudad de Puebla.
“Se dieron cuenta que era difícil manejar sobre piedras o calles adoquinadas y empezaron a implantar o transformar esas avenidas, principalmente en la Ciudad de México. Esto para que la bicicleta fuera accesible y contribuyera a la movilidad, y también existiera un control, porque cuando la bicicleta llegó a México no había mucho control tanto en su manejo como en respeto cívico y ciudadano por parte de los pilotos”.
Para mostrar los orígenes de este vehículo, cuenta que se hizo de una reproducción de la Laufmaschine y de mil 626 modelos diferentes que están en exhibición desde hace cuatro años.
“Es muy interesante la historia de la bicicleta y todo se resume en el Museo de la Bicicleta, donde les contamos todo. Es el único en su tipo en el país”, presume.
Destaca que es una muestra permanente que además de abordar la historia del diseño aplicado a la bicicleta, cuenta además con más de 4 mil 500 objetos de literatura, pintura, juguetes, cámaras y relojes.
Da a conocer que en su exhibición de velocípedos tienen un acervo de 124 que datan de 1790, 1810 y 1880.
Expresa que la inédita iniciativa, que tiene lugar en la privada Miguel Hidalgo número 6 A en la colonia Benito Juárez, en la junta auxiliar de San Pablo Xochimehuacán, se exhiben también documentos, indumentarias, vestidos, objetos y literatura de los primeros años de la época de la Independencia de México.
Narra que aunque su familia siempre se ha dedicado a las cuestiones artísticas y culturales, suman ya cinco generaciones ligadas al ciclismo, “por estar involucrados a las bicicletas. Tenemos bicicletas de 1862 que nos han pertenecido de generación en generación. Algunas otras se han obtenido de Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Centroamérica, Sudamérica, de diversas partes. La colección total que actualmente tenemos es de mil 626 bicicletas, de las cuales más de 200 se están exhibiendo porque muchas otras se están restaurando, están en otras actividades, otras están en diversos museos, donde hacemos intercambio con ellos, también prestando bicicletas de nosotros o llegan piezas de ellos para hacer un intercambio entre museos, instituciones y particulares”.
Resalta que la única intención del museo es compartir, es enseñar a la gente la historia de la bicicleta.
Señala que además de mostrar la evolución de este artefacto, también cuentan su historia “y la historia no verdadera, porque la bicicleta tiene tantas historias que son mentiras y ficciones, que a su vez la han vuelto muy rica”.
Abunda que verdad o mentira, estas narraciones han enriquecido también a las bicis.
Indica que a la par de los artículos de su propiedad, también han recibido donaciones, muchas de las cuales han requerido de su restauración.
“Te contaba que estas bicicletas han pasado de generación en generación, pero también se ha presentado el caso de algunos que quisieron vender, pero los que tuvieron la visión y respetaron la voluntad de quienes iniciaron con las bicicletas y dijeron, ‘saben qué, esto perteneció a nuestros ancestros, es nuestra identidad, hay que preservarlo y ya en un futuro las siguientes generaciones ya decidirán qué hacer con ellas’. En nuestro caso decidimos hacer el museo, el único de México dedicado a la bicicleta”. Reconoce que en su stock hay algunos modelos que se tuvieron que replicar porque hay piezas que no existen, por ejemplo, las draisianas de 1817.
“Porque no hay ninguna original en el mundo. La tenemos en exhibición acá. Es esa roja. No tenía pedales, era de madera, sólo tenía dirección y con eso inició a bicicleta. Otras, hay personas que han tenido la sensibilidad, la cuestión cultural de decir, ‘saben qué, yo tengo una bicicleta, se las voy a donar’. Hemos tenido donaciones, algunos nos han vendido también, hemos comprado, pero no tanto, la gente entiende que es para un museo, que es gratuito y que es para toda la gente”.
Algunos otros, abunda, ceden sus artículos por la satisfacción de participar y contribuir con la exhibición.
“Especialmente porque las piezas verdaderamente se van a exhibir y a compartir con la gente y que siempre van a estar ahí, nunca van a desaparecer, porque nosotros como quinta generación ya estamos preparando a la sexta generación para que cuando nosotros faltemos sigan este camino del Museo de la Bicicleta”.
Pero aclara que la gran mayoría son piezas originales, aunque algunas fueron restauradas porque no todas fueron encontradas en las mejores condiciones.
Entre las piezas que poseen, anota al triciclo de 1872 de origen inglés como uno de los más atractivos o peculiares, ya que es el primero que utiliza un sistema de cadena y de ese surge o le hereda a la bicicleta ese mecanismo.
“La cadena y las estrellas, los pedales con cadena, porque al principio los velocípedos de rueda alta tenían los pedales integrados en la rueda principal, no tenían la cadena, así que gracias a la invención del triciclo con cadena, que fue inventando para las mujeres, la bicicleta se transforma de ser tan alta, voluminosa y tan grande a ser más pequeña, más práctica y, sobre todo, a ser más fácil de manejar, porque eran muy complicadas las grandes”.

EN MÉXICO, LA BICICLETA ESTÁ LIGADA A LOS OFICIOS
El ingeniero de profesión anuncia que la sensación para todos en el museo son las bicicletas de oficios mexicanos.
“Como el lechero, el tortillero, el cartero, el repartidor de periódicos. Todos esos oficios que se volvieron muy populares gracias a la bicicleta atrae mucho a la gente”.
Mientras habla muestra una bicicleta adaptada para transportar recipientes con leche.
“Se encuentra en sus condiciones originales. Esta bicicleta murió en combate, murió repartiendo leche y así en el estado en que se encuentra va a permanecer, porque todas sus piezas son originales y aquí demuestra la gran importancia de la bicicleta tanto en los oficios, en el transporte interactivo o de ir de un punto a otro y también el coleccionismo”.
Abunda que en nuestro país la palabra bicicleta nos evoca a olores, sabores, ruidos o muestras de fe, imágenes que son parte de nuestra memoria colectiva.
“En México, una bicicleta sabe a tacos de canasta, huele a tamales, o suena como el silbato del afilador o del cartero. De igual forma, nos recuerda a los peregrinos cargando imágenes de la virgen previo a un doce de diciembre”.
Menciona que esta área de la exhibición respetaron completamente las condiciones de los velocípedos.
“Porque también es importante que la gente vea el deterioro y el uso de la bicicleta, que realmente así se usaban, que literalmente morían con su dueño”.
Alude que ni en los museos europeos existen exhibiciones donde la totalidad de sus piezas sean originales. “Donde más museos hay, no tienen piezas originales tampoco y tienen que recurrir a las cuestiones de curaduría para hacer rescates, investigaciones y hacer las piezas exactamente iguales como eran en su momento”.
Respecto al horario en que los interesados pueden visitar el museo, anuncia que es de 10:00 a 20:00 horas de lunes a domingo.
“Nunca está cerrado y la entrada es completamente gratuita para incentivar a las personas a acercarse a los museos. Tanto en Puebla como en México tenemos muchos museos y así como le ponemos ganas para ir a un cine, ir a un barcito, ir a divertirnos, que eso es muy bueno, también le tenemos que invertir un tiempo a los museos, porque estos nos ofrecen muchas historias y mucha identidad”, concluye.
ARP