Pocos tienen la oportunidad de ver en su trabajo una galería de piezas artísticas con un pasado lleno de historia y de cultura, pero también son pocos los que pueden viajar alrededor del mundo con su familia y compartir experiencias que marcan su vida para siempre.
Sin embargo, Leobardo Espinosa López, presidente nacional de Tesoros de México, es uno de ellos y a su parecer, la mejor herencia que puede dejar a sus hijos es su gusto por conocer el mundo y los secretos que guarda cada lugar que visitan, ya que servirán para ampliar su visión de las cosas.
“Algo que disfruto mucho con mi esposa y con mis hijos: viajar, es algo que disfruto muchísimo, espero que ellos lo disfruten también. Siempre he pensado que como herencia para mis hijos es de las mejores y de las más bonitas, por la posibilidad que tienen de abrir su visión hacia más allá de lo que viven en el día a día en Puebla”.
Para él no hay nada más valioso que salir de la rutina y organizar un viaje como el que emprendió hace un año por el sur de España y Estambul, Turquía en compañía de su familia, o el que hizo en 2018 a Japón al lado de su esposa.
“El tiempo, los recuerdos que se generan, lo padre que resulta planear el viaje yo creo que ha sido una de las cosas que más valoro en los últimos años”.
Pero el tiempo compartido resulta el mismo si van de visita a Tlatlauquitepec, Atlixco o alguna comunidad de la Sierra Norte de Puebla, porque Leobardo se siente en armonía consigo mismo cuando está con los suyos.
“Si algo he disfrutado es el tiempo que pueda tener, principalmente, para estar con mi familia, ese equilibrio siempre ha sido importante en todas mis decisiones”.
Él dirige el Mesón de la Sacristía en el Centro Histórico de la capital, pero reconoce que el camino para alcanzar el éxito no ha sido fácil, pues desde que cursaba la preparatoria trabajaba de mesero o se involucraba en los negocios de su padre para aprender, lo cual no hubiese logrado sin la constancia y disciplina que lo caracterizan.
“La constancia es un valor, la disciplina es otro, el orden en la administración no solo de los negocios sino de las decisiones de mi vida también han jugado un papel importante”.
Leobardo Espinosa se considera un hombre equilibrado y cada que puede juega tenis o padel, ya que es una afición que su padre le dejó y a sus hermanas, la cual le permite mantener la salud y la claridad en la cabeza y evitar el estrés.
Le fascina degustar la comida mexicana porque “es un verdadero manjar” y leer libros de negocios, de Arthur Schopenhauer o el Cisne Negro, de NassimTaleb, sin contar que ha comprado las publicaciones de varios ponentes que han visitado Puebla como parte de la Ciudad de las Ideas. Sus gustos musicales son variados, pero nada como reproducir chillout lounge.
“Llegar a mi oficina y estarla escuchando, cuando vamos de viaje, es de lo que más disfruto”.
Espinosa López admira a su padre y a su abuelo porque son sus ejemplos a seguir por la manera en que han afrontado su vida.
“No lo digo por compromiso, mi padre es el número uno por la forma en que ve la vida y por su manera de afrontar las situaciones, mi abuelo también porque fue una de las personas con las que más pude convivir, pero mi padre es el más importante”.
Asimismo, el empresario poblano reconoció que aún le gustaría aprender a tocar el piano y espera mudarse con su esposa a España uno o dos años, pero más allá de eso, él se siente plenamente satisfecho con la vida que tiene.
“Yo mi vida no la cambio por nadie, estoy fascinado con mi vida, con lo que hago, con lo que tengo, estoy satisfecho y no estoy buscando mucho más allá de lo que ya tengo, simplemente quiero cuidar y mantener lo que he alcanzado”.
mpl