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“Creían que eran las señales del Apocalipsis o del fin del mundo”

El padecimiento generó un alto grado de angustia y temor entre la población, ya que venía de superar hechos como la Revolución.

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La sociedad regiomontana no estaba tranquila. En años anteriores le había tocado sufrir distintas adversidades pero entre los meses de octubre y noviembre del 1918 la situación empeoró.

A nuestros días han llegado diversos relatos que narran cómo vivió la sociedad regiomontana los días en que azotó la fiebre española, no solo en Monterrey sino en los municipios del estado.

Luis Cavazos Guzmán, médico cirujano especialista, se ha dedicado a estudiar la historia médica de Nuevo León, poniendo un énfasis en las diferentes epidemias que han azotado a la región como la viruela y el cólera.

El episodio de la influenza, llamada coloquialmente como fiebre española, generó un alto grado de angustia y temor entre la población, pues se venía de superar hechos trágicos como la inundación de 1909 y el movimiento revolucionario.

“La gente creía que eran las ‘señales del Apocalipsis’, había quienes pensaban que era el fin del mundo y en parte tenían razón, si se morían dos o más integrantes de una familia para el sobreviviente era el fin de su vida”, comenta Luis Cavazos Guzmán.

Días aciagos

El principal problema que ha enfrentado la sociedad regiomontana cuando ha sido atacada por epidemias de viruela (1798), fiebre amarilla (1814) y de cólera (1833) es el desconocimiento por el padecimiento y la cura.

Los primeros días de octubre del 1918 se reportaron casos en los municipios alejados de Monterrey, así como en ciudades fronterizas como Laredo y en estados como Tamaulipas y Coahuila.

Nuevo León contaba con el Consejo de Salubridad General desde 1851, conformado por médicos titulados y maestros del Colegio Civil. Este consejo solicitó imprimir 3 mil hojas con recomendaciones para prevenir la enfermedad, las cuales fueron distribuidas entre la sociedad.

“Este consejo tenía comunicación con otras ciudades de México y Estados Unidos, conocían las enfermedades lo que no se sabía era cómo curarla”, opinó el profesor de la Historia de la Medicina en la UANL.

Sin embargo, la mayoría de los pueblos no tenía profesionales de la salud, por lo que fue imposible contener la epidemia.

“Había médicos en puntos importantes como Monterrey, Linares o Cadereyta, pero la mayoría de los pueblos no, si acaso pasantes de medicina pero que no tenían título para ejercer”, agrega.

Pero los días aciagos trajeron cambios positivos en la sociedad regiomontana. Cuando la epidemia de Viruela azotó la entidad se registró el primer caso de inoculación por acción del médico y obispo Fray Antonio de la Vera, llegando a vacunar a más de 2 mil gentes.

La epidemia de fiebre española de 1918 dejó poco más de 5 mil muertes en todo el estado, sin embargo, la experiencia sirvió para generar una cultura de prevención pues no existió otro repunte de la enfermedad hasta 2009, registrado a la par en todo el mundo.

A detalle

El episodio de la influenza en 1918 generó un alto grado de angustia, incluso hubo quienes lo consideraron el fin del mundo.

La epidemia dejó poco más de 5 mil muertes en todo el estado, pero eso sirvió para generar una cultura de prevención sobre el tema.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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