Ciudad de México /
En la ciudad, ningún espacio del transporte público queda a salvo del tsunami humano. Mucho menos —aunque muchos varones imaginan que aquí la vida es bella, perfumada y relajada—, los exclusivos para mujeres y grupos vulnerables: las personas con discapacidad, los adultos mayores y los niños. Destinados a evitar tocamientos abusivos disfrazados de involuntarios, estos vagones conducen sin embargo a las usuarias hacia otro pozo. Y en él, los cuerpos no suelen reaccionar bien a la proximidad.