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Fuimos el regalo de este 10 de mayo: Luis Alfonso González Villarreal

Entrevista

Luego de librar la horca en Malasia y tras 11 años en prisión, el sinaloense cuenta la odisea que vivieron él y sus hermanos para regresar a casa con la esperanza de empezar de cero y, ahora sí, por el buen camino.
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Tuvieron que pasar 11 años para que los hermanos Simón, Luis Alfonso y José Regino González Villarreal pudieran volver a su casa en Culiacán, Sinaloa. Llegaron sin nada, pero con la esperanza de comenzar de cero, luego de librar la horca en Malasia.

El 4 de marzo de 2008 fueron detenidos en Johor, Malasia, con 29 kilos de metanfetamina. Seis años después de su detención, en 2012, los tres fueron sentenciados a muerte por ahorcamiento; tras seis años de negociaciones diplomáticas, se consiguió que el sultán Ibrahim Ismail les conmutara la pena de muerte a cambio de 30 años en prisión.

Pero no fue necesario que cumplieran la sentencia, de nueva cuenta se les perdonó y fueron puestos en libertad el 30 abril; 11 días después, los hombres regresaron a su tierra como regalo para su madre por el 10 de mayo.

Luis Alfonso, de 51 años, nos recibe de pie frente a la casa de su madre en la colonia Loma de Rodriguera, en Culiacán, Sinaloa.

Es bajito, no pasa de 1.68 metros y está rapado. Su ropa es la misma que le regaló el embajador de México en Malasia, Carlos Félix, antes de partir en ese vuelo de 17 horas en las que ni él ni sus hermanos pudieron dormir de la felicidad.

Mientras camina por el patio, Luis cuenta cómo fue el retorno: “El 30 de abril el director de la prisión nos trasladó a la matriz de las cárceles en Malasia y tras un par de horas nos dijo: ‘Son hombres con suerte, hoy serán liberados’”.

En seguida, recuerda, fueron trasladados a una prisión migratoria donde esperaron 10 días recluidos hasta que llegaron sus boletos para viajar a México.

“Todo fue muy rápido y no pudimos ni avisar a nuestra madre del regreso, así como salimos nos subieron al avión y fue hasta que llegamos al aeropuerto que encontramos a mi familia. El embajador les dijo que se presentaran a cierta hora para recibir un presente: se trataba de nosotros, fuimos su regalo del Día de las Madres”.

Su madre, en shock, comenzó a llorar y mientras lo besaba y abrazaba, Luis veía el rostro de dos jóvenes que con emoción intentaban acercarse a él. Se trata de sus dos hijos, de 18 y 21 años, con los que intercambiaba cartas.

Ya pasaron casi 24 horas de su llegada y ni su maleta ha podido desempacar, entre abrazos y apapachos, apenas lo dejaron dormir. Luego de 11 años pudo volver a compartir un plato de frijoles con su familia.

Regresa arrepentido, pero consciente de que ese viaje le sirvió para entender “que siempre será mejor andar por el buen camino”.

Ya no quiere saber nada de esa “pesadilla”, regresa revitalizado y con ganas de emprender un negocio. Quiere vivir por lo menos 50 años más “para devolverle a mi madre, esposa e hijos la sonrisa que les arrebató una mala decisión”.

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