Policía
  • Desfile de Independencia terminó, pero el Zócalo no calla: así disfrutaron las familias

  • Apenas se abrió el paso al público, la gente corrió hacia distintos puntos de la plaza: unos querían acercarse al podio donde se encontraba la presidenta Claudia Sheinbaum, otros ver a los militares marchar.
Entre las frases que gritaba la gente retumbaba el apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum | Diseño: Daniel Augusto
Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

Desde muy temprana hora del miércoles 16 de septiembre, las inmediaciones del Zócalo capitalino se convirtieron en un mosaico de uniformes, banderas y familias que llegaron para mirar de cerca a los integrantes de las fuerzas armadas desfilar en el tradicional aniversario de la Independencia de México.

En las calles del Centro Histórico, los contingentes del Ejército mexicano, Guardia Nacional (GN), Secretaría de Marina Armada de México (Marina), cadetes del Heroico Colegio Militar, así como jóvenes del Servicio Militar Nacional (SMS), esperaban su turno para iniciar el recorrido.

Aguardaban con emoción sobre las avenidas José María Izazaga, Pino Suárez y 20 de Noviembre.

A diferencia de otros años, está vez el intenso sol se hizo presente. Provocó que decenas de personas sacaran gorras, sombreros y sombrillas, éstas últimas que generaron la molestia de los asistentes, porque obstruían la visibilidad.

“Para que las sacan si no son güeros”, era una de las expresiones más usadas en tono de broma y que causaban risa entre el público.

La molestia también se hizo presente porque, como cada año, no se colocaron las bocinas suficientes para escuchar el mensaje de los secretarios de la Defensa Nacional y de Marina, Ricardo Trevilla Trejo y Raymundo Pedro Morales Ángeles, respectivamente, ni el de la presidenta Claudia Sheinbaum. 

La gente recurrió a sus teléfonos móviles para seguir en diversas plataformas lo que decían.

Así fue el desfile del 16 de septiembre

Una vez que se dio la instrucción de avanzar, el paso de los contingentes causó emoción entre los ciudadanos.

La gente no dejaba de sorprenderse, pese a que minutos antes habían esbozado rostros de sorpresa al ver a 15 paracaidistas lanzarse de un helicóptero y descender sobre la plancha de concreto de la principal plaza del país.

Apenas se abrió el paso al público, la gente corrió hacia distintos puntos de la plaza: unos querían acercarse al podio donde se encontraba la presidenta Claudia Sheinbaum; otros prefirieron colocarse frente a la Catedral Metropolitana y algunos más se acomodaron en sus bancos frente a las pantallas instaladas en las inmediaciones de Madero y 16 de Septiembre.

El ambiente fue de fiesta. Los niños corrieron por la plancha, algunos vestidos con ropa de corte militar, mientras los vendedores ambulantes ofrecían globos, figuras de soldados y artículos para hacer pompas de jabón.

Tampoco fallaron las clásicas tlayudas chilangas, preparadas con frijoles, nopales y queso, además de las nieves con chamoy.

Familias disfrutan del desfile militar

A cada paso de los contingentes surgían aplausos y gritos.

También hubo consignas que se escucharon entre la multitud. “¡Sí se pudo!”, “¡Viva la Presidenta!” y hasta gritos de “¡Somos prietos!” que causaban risa.

Durante casi tres horas, las miradas permanecieron dirigidas hacia el recorrido. Las familias de los militares siguieron desde las gradas colocadas para invitados especiales el paso de sus seres queridos, mientras en la plancha los espectadores buscaban el mejor ángulo para tomar fotografías y videos.

Terminada la parada cívico-militar, el Zócalo se empezó a vaciar. Las familias empezaron a abandonar las gradas y llegaron autobuses de la Secretaría de la Defensa Nacional para trasladarlas a las instalaciones castrenses, donde se reunirían con los soldados y marinos que participaron en el desfile.

Sobre la plancha quedaron las huellas de la celebración: cientos de tiras de papel verde, blanco y rojo, los colores de la Bandera de México, quedaron esparcidas sobre el concreto.

Parecía que la fiesta había terminado. Pero faltaba la despedida.

Cuando muchos ciudadanos emprendían el camino de regreso, los mariachis de la Secretaría de la Defensa Nacional hicieron su aparición y tomaron sus instrumentos.

Las primeras notas hicieron que quienes todavía permanecían en el Zócalo se detuvieran. Poco a poco, las voces de los mariachis hicieron voltear a la gente, provocando que cientos se acercaran a un improvisado escenario y entonaran con ellos canciones del ídolo mexicano Juan Gabriel.

El desfile había terminado, pero la música consiguió alargar la fiesta unos minutos más, porque los mariachis no callaron.

RM

Google news logo
Síguenos en
Rubén Mosso
  • Rubén Mosso
  • Egresado de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Aragón, hoy FES Aragón (UNAM). Especializado en temas de juzgados y tribunales federales, además de la Suprema Corte y Fiscalía General de la República. Aficionado al cine y la música.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.