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Miércoles , 20.03.2019 / 12:10 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

El futuro de los museos

Xavier Moyssén Lechuga

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El domingo anterior, durante una de las múltiples transmisiones que tiene la Copa Confederaciones de futbol, en una especie de cápsula cultural que incluyen antes o después de cada partido, me tocó escuchar que el Museo del Hermitage, en San Petersburgo, Rusia, es el que posee la colección de obras de arte más vasta del mundo e incluso intentar verla toda dedicando un minuto por pieza llevaría varios años hacerlo. No he podido confirmar esta información pero lo mismo da, pues aunque no lo conozco, no debe ser muy diferente a los grandes museos de todo el mundo, incluidos los de la Ciudad de México. Más allá de su nombre, estas beneméritas instituciones se sostienen sobre tres ideas fundamentales: la de retirar a fin de preservar y conservar, la de ordenar o clasificar y la de hacer sobresalir o destacar la belleza que a través del tiempo el hombre ha sido capaz de crear.

Lo mismo, podríamos resumir en tres puntos las críticas que por años (prácticamente desde su origen en el siglo XVIII) han recibido. La alteración que infringen a los objetos al exponerlos lejos de sus lugares y condiciones originales. La clasificación que llevan a cabo, la explicación que dan a sus colecciones es solo una de las muchas posibles y por lo general es aquella que se encuentra más acorde a los intereses del museo y sus patrocinadores. Falsifican el origen y función de los objetos ya que los presentan a través de una óptica esteticista en detrimento del valor etnográfico que puedan poseer y del cual poco se llega a saber.

Visitar el Louvre, el Metropolitan o el British Museum no es una experiencia que difiera mucho, son museos enciclopédicos que encierran en sus salas la misma versión del arte y/o la cultura que todos conocemos, la occidental, con sus aciertos, equívocos, mal interpretaciones y el eurocentrismo que les ha funcionado como guía y que, por tanto, les es concomitante. No se diga nada acerca de cómo es que muchas de estas colecciones se formaron, cómo es que llegan las piezas a los museos y de los cientos, si no es que miles, de falsos y pinturas, esculturas y demás objetos ya no de segunda fila sino de cuarta, que se exponen como las grandes piezas de la antigüedad.

Según lo veo, los museos tal y como los conocemos, se enfrentan a dos problemas fundamentales que tienen que ver con cuál y cómo será su futuro. Las culturas del pasado, las fundantes y las no tanto, fueron finitas y crearon a distintos niveles de calidad, exactamente como sucede en la actualidad, esto quiere decir que el día de mañana ya no habrá más vasos griegos que exponer, más cabezas de emperadores romanos, más sarcófagos, más momias peruanas, más códices mexicanos, más esculturitas de las Cícladas, tablillas cuneiformes de la antigua Babilonia, más primitivos italianos, pintores de los Países Bajos, de la escuela de Rubens, no más Velázquez o Riberas, Matisse y no más Picasso por prolífero que fuera, ya no hay, ya no habrá otro Pollock que se descubra en la cochera, ni Duchamp que se recupere de la basura, tarde o temprano todo lo que produjo esta cultura occidental hasta llegar al fin de su modernidad, se habrá acabado, y ¿entonces qué mostrarán los futuros nuevos museos? Respuesta: un museo como el Soumaya de la Ciudad de México expone a la perfección los límites de este tipo de iniciativas, a falta de piezas realmente significativas de primer nivel, se crea un museo de cuarta o una copia malformada de aquellos de los que estamos hablando.

El segundo problema al que se enfrentan los museos es que el arte, la cultura, la industria humana, dondequiera que se encuentre (no solo la occidental) no se detiene, sigue produciendo, en este preciso momento se está creando la próxima obra de arte, la siguiente gran escultura, la arquitectura del espacio exterior, las joyas que usará Melania en el futuro, los ídolos y sus efigies que ya son objeto de culto; luego entonces ¿qué hacer con todo este material, cuando el comercio ya se haya cansado de explotarlo? La respuesta a ambas preguntas no es nueva, sino que viene implementándose desde hace ya un par de décadas cuando menos. Me refiero a que, si el pasado ya dio todo lo que tenía que aportar, ya no se le puede explotar más, pues entonces hay que tomar lo que ahora se está haciendo, lo cual, como se entiende no tiene límites; así, de un plumazo los problemas planteados desaparecen ante el museo de arte contemporáneo. Todos los museos que hemos mencionado cuentan hoy día con su anexo de arte contemporáneo o bien cobijan de alguna manera a instituciones que tienen como fin la exhibición de lo que se produce estos días.

Al parecer poco importa si hay una contradicción entre ser un museo y dedicarse a lo que hoy día creamos, es como una bravuconada decir desde hoy lo que a la gente, al público de mañana, le habrá de gustar. Para evitar caer en estas poses, los nuevos museos han aprendido, y esta es la gran diferencia con los museos del pasado, a no acumular más de lo debido, y en lugar de tener en permanente exhibición un conjunto de obras que fueran, a su juicio y leal entender, lo más representativo, lo más valioso de un período, un productor, un movimiento (si los hubiera), se opta por las exhibiciones temporales. Así pues, ya no se viaja a la ciudad de Nueva York para visitar el famoso MOMA y conocer la versión que ofrece del arte moderno internacional. Si ya lo conoces, si ya lo has visto, si lo has discutido, entonces, a fin de no perder el favor de su atención, te ofrecen la galería PS1 o el New Museum, en donde a través de exposiciones temporales se puede obtener una idea de qué es lo que, según ellos, en materia de arte y cultura se produce hoy día.

Dentro de 50 o 100 años ya que lo contemporáneo haya producido lo bastante como para tener colecciones y exhibiciones permanentes, otros serán los problemas a los que se enfrenten los nuevos museos de aquel entonces, por lo pronto parece que los nuestros se solucionan temporalmente.

moyssenl@gmail.com

www.veryrepresentar.blogspot.com

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