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Viernes , 19.04.2019 / 06:32 Hoy

El nuevo orden

La marcha más conservadora

Wenceslao Bruciaga

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De todas las entrevistas que realicé durante la pasada 38 Marcha del Orgullo Lésbico-gay A.K.A. LGBTTTI de la hoy CdMx, la que menos clichés disparó, gimoteos de la temporada rosa y que bien pueden reducirse a dos palabras: homofobia y matrimonio, o quizás tres, adopción, un derecho-fantasía-capricho muy millennial, la más honesta, relajada y entretenida, fue la que me concedió un padre de familia, algo barrigón pero muy sonriente, con un copete canoso envidiable, jeans y tenis caqui. Lo acompañaba su esposa, con gafas oscuras y cabello rojo tan intenso como aparecen las modelos en las cajas de tintes. Y cada uno apretaba fuertemente la mano de una niña, la más grande iba con él. Según el papá tenía nueve años, mientras que la mamá sostenía a la más pequeña, de seis.

“El año pasado me encontré con la Marcha Gay mientras regresaba de la oficina y la forma en que se manifestaban se me hizo muy divertida y alegre. Le comenté a mi esposa. Nos prometimos traer a las niñas al siguiente año, para que se diviertan y pues, que vean qué onda con los gays y eso. Queremos ser una familia muy liberal, que mis hijas vean que sus padres son liberales, apoyando la tolerancia. Y aquí estamos. Pero… digo, está bien. Pero… como que hace falta más fiesta. Hemos visto pocos carros con música. Yo quería que mis hijas bailaran…”.

“Para como la platicó mi esposo, la imaginaba más animada. No está mal, pero esperaba más”, agregó ella.

La superación de la marcha gay de la capital quizás puede medirse en el estado de coma que sucede entre un camión y otro, en medio de las bocinas a veces mal ecualizadas y los torsos desnudos y las lesbianas de gafas oscuras se forma un limbo que aumenta conforme el aniversario de la marcha se aproxima a los 40 años; un hoyo negro de contingentes enfundados en plumas, pero con la mirada desorientada, buscando la música, las pancartas o las consignas, que este año fue “Todas las familias, todos los derechos”.

Quizás ese incómodo silencio sea una metáfora del principio más asfixiante de la familia y de la igualdad, tan codiciada en los últimos años. Sobre todo cuando se confunde igualdad con estandarización. Cuando la gente se aferra al común denominador empieza el linchamiento a lo diferente. Basta con ver las iracundas reacciones que provocan cualquier opinión que disienta y cuestionen la generalización, o sublimación, de lo afeminado como rasero del hombre homosexual. La igualdad, que no es equidad, es una trampa, capaz de moldear los derechos a un nivel necesariamente horizontal, pero también tiende a lo plano, fomenta la monotonía y el conservadurismo.

Y como ya es tradición, la marcha fue blanco de críticas, la mayoría ensalzando un purismo histórico anticuado, como si la veracidad de la lucha gay en México tuviera que respetar algún capítulo de cualquier libro de texto gratuito de los ochenta. Por favor.

No veo por qué las marchas gays tengan que seguir las reglas, como actos de un musical. Las tradiciones se hicieron para romperse. Pero los activistas son muy beatos para eso.

Por ejemplo, leí por ahí que este año se rompió la tradición del orden de los contingentes. O algo así. Desde que tengo uso de la razón de la protesta, desde que mis padres me hablaban de la izquierda, el activismo nacional me ha parecido de una condición tan religiosa, que su fervor termina por minar las causas por las que luchan. Es cuadrado. No permiten la ruptura lúdica, la reinvención, una elasticidad creativa que permita nuevas formas de regocijo y orgullo, al mismo tiempo que dialoguen de los problemas que aún nos afectan, como la homofobia (hoy más latente que en años anteriores dados los acontecimientos de Xalapa u Orlando), o incluso que susciten innovación, como empezar a hablar de los tratamientos Pre Exposición al VIH (PrEP), al mismo tiempo que seguir manteniendo temas como el matrimonio igualitario y la adopción.

Sin mencionar las cartas separatistas, grupos que manifestaron su desacuerdo por la forma en que los comités organizadores planearon la marcha, su recorrido y los invitados especiales que dieron el banderazo de salida; develando supuestas alianzas con el gobierno local.

El matrimonio y yo platicamos varios minutos hasta que la punta de un tráiler apareció al centro de ese punto de fuga del Paseo de la Reforma con el Ángel de la Independencia en lo más alto.

Los beats empezaban a hacerse más fuertes, rodeados de gritos y banderas multicolores y creo que el matrimonio y sus hijas recuperaron la esperanza en el arcoíris. En sus planes estaba ver el acto especial de clausura de la marcha: Alejandra Guzmán en el Zócalo.

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com

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