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Viernes , 22.03.2019 / 11:44 Hoy

Columna de Víctor Hugo Romo Guerra

Los sofismas del trío panista

Víctor Hugo Romo Guerra

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En los últimos días tres senadores del PAN emprendieron una campaña engañosa contra la reforma política del Distrito Federal, y mediante una carta plagada de sofismas (falsos razonamientos para inducir a error), buscan evitar su aprobación en los congresos locales.

En su misiva, los senadores arguyen, en general, que dañaría a las economías de los estados aprobar la reforma, porque es muy poco "el pastel" y no alcanza para todos. Nada más falso, simplista y engañoso. Un argumento sin análisis termina en sofisma.

Escribe el senador panista José María Martínez que la recién aprobada reforma política de la Ciudad de México no es "un cambio cosmético de nombre" (sic), sino que estamos ante una autonomía inédita. Supone, además, que es "inequitativa" para los demás gobiernos locales "porque ningún otro estado del país recibe un trato similar".

Nada más alejado de la verdad. Hoy, el régimen jurídico del Distrito Federal genera precisamente que la capital de la República reciba un trato inequitativo, de segunda y, con la reforma política se corregirá esa situación para que los capitalinos alcancen la igualdad constitucional y el estatus de ciudadanos de primera, nada más, pero nada menos que como ocurre hoy en los 31 estados de la República.

La Ciudad de México cumple con dar servicios para garantizar los derechos de las personas que la habitan, pero también para todos las que transitan en ella y se benefician como los habitantes de los 31 estados de la República.

Vayamos a las cifras. La Ciudad de México representa apenas 0.1 por ciento del territorio nacional, pero paradójicamente es la entidad que más aporta al PIB nacional, con alrededor de 20 por ciento del total.

Además, para conocimiento de los senadores sofistas, la Ciudad de México, según la ONU, es primer lugar nacional en Índice de Desarrollo Humano, pero también los es en Competitividad, Economía del Conocimiento, PIB per cápita, usuarios de internet, acceso público a la información y, por si fuera poco, concentra más de 17 por ciento de las sucursales bancarias; 80 por ciento de la investigación científica y 30 por ciento del transporte de carga del país.

Es más, de 1999 a 2012, el Distrito Federal captó más de 54 por ciento de la inversión extranjera directa del país, 167 mil millones de dólares, mientras que el promedio nacional ronda apenas los 9 mil millones para el mismo periodo.

Otro datito es que en 2014, por ejemplo, los ingresos del Distrito Federal, 81 mil 861.4 millones de pesos procedieron de ingresos propios (locales), y 86 mil 653.7 millones fueron ingresos de origen federal. Sin embargo, sumando los del sector paraestatal no financiero, lo que el Distrito Federal obtuvo como ingresos propios fue superior a los de origen federal percibidos en ese periodo, es decir, más de 50 por ciento de los ingresos del Distrito Federal son propios, recaudados por contribuciones de sus habitantes, lo que posicionó a esta capital como la entidad federativa con mayor independencia financiera del país.

Para tener un punto de comparación, en el promedio nacional los ingresos propios que generan los estados representa apenas un 10.75 por ciento, y el casi 90 por ciento restante proviene de la Federación.

Sobre el Fondo de Capitalidad otorgado al Distrito Federal, al que se refiere el senador Martínez —aprobado apenas en 2014 por la legislatura pasada—, y que es el monto otorgado por la Federación para cubrir los gastos que conlleva ser la sede de los poderes de la Unión, para el Ejercicio Fiscal 2016 representa un monto de 4 mil millones de pesos.

Sin embargo, según un estudio publicado por el Tecnológico de Monterrey en 2011, esa cantidad está muy por debajo de los 15 mil millones de pesos en los que se calculó el costo de capitalidad —hace ya cinco años— nada más por los rubros de: transporte público, seguridad de sedes diplomáticas, exenciones fiscales a inmuebles federales, servicios penitenciarios, congestión vehicular, inversión cultural, marchas y movilizaciones ¿Quién da más entonces?

Consideremos ahora que tan solo de agosto de 2014 a septiembre de 2015 se realizaron 7 mil 696 marchas, bloqueos y movilizaciones, de las cuales 71 por ciento provienen de problemáticas de índole federal, esto es, relacionadas con varios estados de la República. Para este rubro, señores senadores, por cierto, no hay fondo que alcance a subsidiar las pérdidas.

La reforma política de la Ciudad de México es un paso adelante para corregir el grave trato desigual que recibimos los habitantes del Distrito Federal, más allá de la enorme aportación y beneficios que en diferentes ámbitos realiza esta ciudad a la Federación y, desde luego, a los 31 estados de la República. Por eso celebro que la gran mayoría de las fuerzas políticas se sumara a esta lucha que desde la izquierda hemos impulsado hace 99 años.

La minoría discordante de tres senadores panistas debería releer sus documentos doctrinarios, sobre todo el principio de subsidiariedad, "que indica la ordenación de las responsabilidades, de las competencias y de los derechos". Principio que explicaba su ideólogo Gómez Morín: "...lo que el municipio puede hacer, no lo tiene que hacer el estado; lo que el estado puede hacer, no lo tiene que hacer la Federación".

El Distrito Federal se encuentra en una posición asimétrica en relación con la Federación, respecto al gasto descentralizado, es decir, sobre los recursos que el gobierno federal transfiere a los estados y municipios a través de las participaciones y aportaciones federales, los apoyos para las entidades federativas (Pafef) y los convenios de descentralización

Nadie tiene autoridad política para conculcar los derechos de los mexicanos. La reforma política del Distrito Federal le viene a devolver a las y los habitantes de esta ciudad capital el pleno ejercicio de sus libertades y derechos, los estados de la República tienen claro cuánto hemos aportado y seguiremos contribuyendo para el desarrollo de la Federación y sabemos que contaremos con su respaldo.

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