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Jueves , 21.03.2019 / 06:14 Hoy

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Duarte, el mal ejemplo del PRI

Víctor Hugo Durán

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En el PRI a nivel nacional aún se curan las heridas tras la derrota que sufrieron en las elecciones del 5 de junio. El perder 7 estados, tres de ellos donde gobernaron casi un siglo, persiste hasta con traumas. Todos opinan, todos sugieren, todos quieren hablar, todos quieren dirigir, pero nadie, absolutamente nadie ha hablado con una autocrítica firme, dura, contundente.

Y mientras uno espera que con esto, al menos algunos gobernadores guarden la compostura, sean coherentes con el entorno que su partido vive y se pongan a trabajar (bajo el lema de que “calladito se ve más bonito”), prefieren continuar en la polémica, en decisiones que medios y la ciudadanía les va cuestionando.

Uno de ellos no lo tenemos tan lejos, y no es un asunto de apenas hace unos días, sino de toda su administración. Es Javier Duarte de Ochoa, quien todavía dirige las riendas del Gobierno de Veracruz.

La violencia fue una noticia común, no importaba si era entre miembros del crimen organizado, contra periodistas o ciudadanos comunes y corrientes, también incluyó a uno que otro funcionario o ex colaborador en la función pública. Ya sea en la región norte, en el centro, en el mero puerto o en la parte sur, no había semana en que se sabía de un hecho delictivo, generalmente con sangre.

No solo eso, el asunto de cómo manejó los recursos públicos lo puso en el ojo del huracán, al grado que la Auditoría Superior de la Federación le sacó sus trapos. Poco qué argumentar, poco qué aclarar, Duarte de Ochoa se defendió como pudo, en tanto organismos como la Universidad Veracruzana le reclamaban pago y falta de recursos.

La última, decretar a un contralor y un fiscal anticorrupción por 7 años, mismo que será aprobado ambos por el actual Congreso, a lo que su relevo el panista Miguel Ángel Yunes criticó, pues abre la sospecha de que pondrán a alguien a modo para que en el futuro nadie los investigue, según señala.

Lo que es un hecho es que el PRI; si realmente quiere convencer a la gente de que son la mejor opción para gobernar, tendrán que irse sacando cuanto antes de estos personajes. Lo de Duarte es un claro ejemplo del tipo de funcionario que no debe existir en cualquier parte de México y el mundo, por relevante o no que sea su puesto.

No caería mal que el propio PRI critique a sus gobernadores, los cuestione, les haga sentir que deben cumplirle al pueblo. Si se mantienen igual, muy difícilmente podrán rescatar los puestos perdidos, así como revalidar los cargos para el 2018, que incluye la Presidencia de la República.

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