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Lunes , 18.02.2019 / 17:34 Hoy

Vida y Milagros

La última canción

Verónica Mastretta

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La semana pasada acompañé mis ratos de traslado en coche con un disco que tiene parte de lo mejor de la música que Ennio Morricone ha compuesto a lo largo de su extraordinaria vida. De ahí me brinqué a escuchar el disco de Cinema Paraíso, y ahí sigue, metido en el viejo tocadiscos de una camioneta que me permite cambiar los discos a mi antojo, a la antigüita. Así anduve, embriagada con su música, que no solo de alcohol, amor o conversación se embriaga uno.

Por otro lado, el día de ayer, en el chat que mantengo con mis cuatro hermanos, Carlos preguntó cuál sería la última canción que querríamos oír antes de morir. Daniel dijo que él oiría Hey Jude. Carlos se fue por el clásico Nessun Dorma cantado por Pavarotti. Ángeles no ha contestado porque como adora la música, le rinde culto a lo perfecto y dudar es lo suyo, debe seguir pensando, aunque yo creo que sería a Mozart, su bolero preferido o la tercera de Mahler. Sergio se puso a hablar del huachicol porque no vio la pregunta, y un día después contestó que el concierto de Shumann para piano y orquesta en A menor. Tiene razón, es divino. Yo no había entendido bien la pregunta y pensé que era música para los días finales y no la última canción, así que les dije- “depende de que tan largo sea el final”. Pensé en Mozart, en Chopin,en el apasionado y complejo Lizst, fuí a dar hasta Manzanero y de ahí a “No puede ser” cantada por Plácido Domingo; recordé el Agnus Dei de Jenkins y de pronto oí mentalmente el clarinete de la canción de amor de Cinema Paraíso. Con esa anduve silbando ayer toda la tarde mientras caminaba por el campo.

Y, cosas de la vida, ayer en el teléfono me apareció la noticia de que Ennio Morricone daría su último concierto y se retiraría de la vida pública. Nunca de los nuncas debemos dar las cosas por dadas, pero eso es exactamente lo que hacemos. Ennio Morricone y su música han estado en mi vida casi toda la vida. Alguna vez, no hace mucho, lo vi dirigir un concierto. No supe definir su edad, pero de verdad que la belleza es subjetiva, porque por lo menos una cena con velas con ese señor sí que se antojaba. Pues en ese concierto que dirigió en la Plaza de Venecia y que ya reencontré en You Tube, Morricone andaba ya cerca de los 85 años. Oír que va a desaparecer de la vida pública lo tomé como un golpe, como si uno de mis seres queridos me estuviera cortando de su vida, así nomás, por decisión unilateral.

Por lo que, me fui a buscar sus datos. Qué poco sabemos a veces de las personas que están ahí durante años, dadas por dadas.

Ennio Morricone nació en Roma el 10 de noviembre de 1928. Noventa años. Hijo del músico Mario Morricone, Ennio estudió música y empezó a tocar la trompeta desde muy pequeño. A los seis años compuso su primera obra. Era precoz y a los 12 años fue inscrito por sus padres en el conservatorio, donde terminó en seis meses un programa de estudios diseñado para cuatro años. Su diploma de trompetista lo recibió en 1946. Estudió también orquestación, composición y muchas cosas más, y a partir de ahí inició su carrera pública y profesional. Trabajó como escritor fantasma componiendo música que se atribuían compositores ya famosos. En 1956 se casó con María Travia y sigue con ella hasta la fecha. Un hombre de otro siglo, otros tiempos.

Asimismo, empezó a trabajar de manera abierta en los arreglos de otros compositores y se dio a conocer al componer música de fondo para el radio de manera independiente, hasta que Sergio Leone, su amigo de la infancia, lo invitó a componer la música de sus famosas películas del viejo oeste americano, Por un puñado de dólares (1964) fue una, y en 1966 compuso la música para “El bueno el malo y el feo”. Creo que eso fue lo primero que escuché de el compositor.

Durante toda la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI su música y su presencia han estado ahí. Compuso, orquestó y dirigió de manera extraordinaria para muchísimas series y películas. Es un músico cuya obra ya forma parte del patrimonio musical de la humanidad. No se perderá con el tiempo, se perderá cuando la humanidad se pierda a sí misma .Sus composiciones para Days of Heaven (1978), La Misión (1986) y Cinema Paradiso (1988), han sido catalogadas como obras maestras. Su versatilidad se extiende a multitud de géneros, pero en particular su música sinfónica y coral se impone.

La música de La Misión te eleva.

La de Cinema Paradiso te cautiva, te enamora.

La de El Cartero te revive sentimientos de adolescente.

Me gusta mirar las firmas de las personas y buscar su alma en ellas. Su firma es pura, clara y ascendente.

Ennio Morricone ha decidido retirarse. Me ha dejado triste saberlo, aunque en realidad no puede retirarse alguien con tamaño legado. No se retira,- pensaré- solo se guarda a esperar en paz el momento de escuchar su última canción. Ahí estará cerquita, en el CD del coche o con su mano elegante en el concierto de Venecia.

¿Una última canción? Desde luego, si se vale hacer trampa, yo escogeré varias y seguramente las mezclaré indistintamente en el desorden propio de una mente que sale de viaje, aunque éste sea el definitivo. Tendré en la memoria el sonido de su clarinete o el trocito de un coro cuando me toque imaginar, aunque ya no escuche, mis últimas canciones.

No puedo elegir solo una, me tomarán por asalto algunas, y una será de él.

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