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Miércoles , 20.02.2019 / 00:34 Hoy

Vida y Milagros

Aliados indeseables: el fin no justifica los medios

Verónica Mastretta

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El tener una magnífica causa, que es abatir la enorme desigualdad que existe en nuestro país, mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos y erradicar la corrupción, no justifica los medios para lograrlo.

La búsqueda incansable de Andrés Manuel por alcanzar el poder con el fin de implementar su proyecto de nación, cuyos fines centrales creo que son los que acabo de enumerar, lo orillaron durante su tercera campaña, en un claro acto de pragmatismo político, a subir a su tren a muchos aliados que en su momento él mismo calificó como miembros de la mafia del poder o los enemigos a vencer. Quizá calculó que solo así podría ganar la presidencia. No confió, y creo que es lógico, en la avasalladora ventaja que le dieron las encuestas durante toda la contienda. Hizo bien en no confiar, porque en 2006, el porcentaje de ventaja arrancado casi a fuerza por Calderón fue de solo el 0.5% de la votación, cuando en casi todas las encuestas Andrés Manuel fue arriba. En 2006 hubo exceso de confianza hacia su ventaja, y exceso de desconfianza hacia las bases que el PRD puso a su disposición para cuidar las casillas. No confió en ellos, sino en la fuerza del movimiento propio que ya él venía gestando dentro del PRD y que a la larga derivaría en la creación de su particular partido, Morena. En 2006, su equipo no pudo cubrir el 50 por ciento de las casillas del país con representantes. No aceptó los que el PRD de los Chuchos le ofrecía, y con razón, porque se cansaron de vender movimientos locales.

En 2012 el PRI regresó por sus fueros. Los resultados sangrientos de la política de Calderón de combate a las drogas y una campaña mediática millonaria, con recursos de procedencia oscura y orquestada desde Televisa, que posicionó al candidato priista Peña Nieto como si fuera un galán de telenovela, acompañado del grito en los mítines de “Enrique, bombón, te quiero en mi colchón”, vendido cual producto de consumo con todo y la complicidad de la iglesia católica, que anuló el primer matrimonio de la popular actriz Angélica Rivera, con el pretexto de haberse casado en la playa y no en un recinto consagrado, avalando así su segunda boda por la iglesia con el entonces viudo Peña Nieto. Con un matrimonio pactado, esa trama y la promesa de “un nuevo PRI”, eficaz y comprometido, lograron una cómoda ventaja del 6 por ciento.

Seis años después el escenario fue distinto. Pocos imaginaron que la tenacidad de Andrés Manuel sería tanta. Tampoco que hubiera planeado tan bien cómo cerrar cada frente abierto de sus campañas anteriores, especialmente, el manejo mediático, que fue trazado como estrategia de guerra y con años de anticipación. Morena hubiera ganado de cualquier modo, pero mucho contribuyó que el gobierno de Peña Nieto cediera la plaza mucho antes de las elecciones, cometiendo error tras error, y que desde las instituciones del gobierno se hiciera todo lo habido y por haber para desprestigiar al candidato panista, Ricardo Anaya, en un feroz intento por quedar, por lo menos, en segundo lugar y no en tercero.

Con dos intentos fallidos a cuestas, en 2018 Andrés Manuel no dejó nada a la casualidad, y al grito de más vale que sobre y no que falte, subió a su barco a todo tipo de aliados, buenos, malos y feos. Muchos aplicaron el dicho de Groucho Marx de “Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros”. De todo cayó en la viña del señor, para hablar en el lenguaje de moda que inspiran el clero y las conferencias mañaneras. Pensé que una vez terminada la campaña, a los impresentables se les diría lo que dijera el diablo del chiste a sus electores después de elegir entre el cielo o el infierno, “esas promesas fueron de ayer, porque estábamos en campaña, pero hoy que gané, la realidad es esta otra”. Y a tirar lastre, que no queremos que se hunda el barco.

Hay varios aliados que debieran ser echados por la borda en la nueva travesía, por lo menos para cuidar la congruencia: los líderes multimillonarios del corte del líder de Pemex, Carlos Romero Deschamps, los líderes como Napoleón Gómez Urritia, senador plurinominal por Morena, que defenderá intereses de las mineras canadienses y de paso los millones de dólares que le robó al sindicato; indeseable la recién casada con un treintañero, ex lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, que ya planea la formación de un nuevo partido que lleva como emblema la cara de Andrés Manuel; los líderes radicales de la CNTE, o los nuevos aliados del Verde Ecologista y Manuelito Velasco, a quien tan bien describe en sus modos Santiago Nieto en su libro “Sin filias ni fobias”, haciendo notar la clara fobia que sí le tiene a este personaje retorcido y fatuo. Falta nombrar a los empresarios voraces.

Al parecer, aliados que parecían temporales y coyunturales, y desde luego impresentables, llegaron a la 4T para quedarse.

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