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Viernes , 19.04.2019 / 01:49 Hoy

Sociedad Sustentable

La pulsión de muerte en conductores de Monterrey

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Cuando maneja rumbo al trabajo, ¿qué siente al ser invadido en su carril sin aviso previo? ¿Qué siente al negar el paso a algún auto? Conducir en Monterrey es adentrarse a una guerra en la que, cual raudas balas, se disparan agresiones. La distancia no es impedimento para comunicarle al otro nuestro desprecio. Los espejos retrovisores son el medio que lo posibilita. Los claxonazos, el grito para intimidar. Ni hablar de esos momentos en los que se llega hasta la persecución y los cerrones. Así, el coche transmuta en arma tecnológica, posibilitando el ataque y la defensa. Pero es un arma que frustra la energía pulsional. ¿Resultado? Repetición y escalada de la violencia.

Como en toda guerra, en la vial hemos creado el lenguaje que expresa las tácticas y maniobras seguidas para atacar: “Échale el carro”, “Ciérralo para que te deje pasar”, “Pon la direccional y cámbiate de carril”. De esta forma, los conductores devienen en guerreros que enfrentan al otro conductor como a un verdadero enemigo, a quien, negándole el paso, se le derrota. Si bien el automóvil se ha convertido en una extensión de nuestras piernas, en una sociedad consumista como la regia deviene en una extensión de nuestro ego, de nuestra vanidad y en arma que descarga, además, ráfagas de emocionalidad. Da cuenta de ello el hecho de que el 90% de los accidentes en Monterrey son leves. Son éstos los que encierran mayor peligrosidad, ya que transforman en contingencias o sucesos menores actos de agresión y violencia. Esto se refleja en las formas utilizadas para nombrarlos: “Solo fue un besito”, “Ni se hizo nada”, “Es un raspón, con alcohol se quita”. Términos que denotan la subestimación de la infracción cometida y, más preocupante aún, visibilizan el desprecio por la vida de los otros. Por ello es urgente crear soluciones apoyadas en la psicología vial.

Por último, le invito a que recuerde cuando otros conductores le han cedido el paso con amabilidad; también cuando usted amablemente ha cedido el paso a otros. ¿Cómo se sintió el resto del día?

BRENDA ARACELI BUSTOS GARCÍA
sociedad.sustentable.iinso@gmail.com

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