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Martes , 26.03.2019 / 12:19 Hoy

Corredor Fronterizo

Monterrey, ¿una ciudad migrante?

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La Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM) se distingue a nivel nacional como un espacio económicamente próspero por su actividad industrial y empresarial, y su aporte a la generación de empleos. Estas características la han hecho atractiva desde hace tiempo para migrantes internos provenientes de diversas entidades, principalmente San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Coahuila y la Ciudad de México.

Sin embargo, en años recientes la dinámica migratoria en la ZMM se ha diversificado en términos de la población que arriba a ella. Hoy en día, esta región es también contexto de recepción de migrantes internacionales, ya sea personas desplazadas de sus países de origen por violencia extrema o expulsadas del norte por la instrumentación de una política antiinmigratoria. La ZMM forma parte de la larga ruta que recorren hombres, mujeres y niños centroamericanos en su tránsito hacia Estados Unidos. Algunos van de paso, sin un lugar dónde dormir, deshidratados, sin documentos de identidad y buscando apoyo de sus respectivos consulados; otros, tras un cambio de planes, terminan adoptando a Monterrey como su nuevo hogar. En paralelo, esta zona es también uno de los destinos de los mexicanos deportados de Estados Unidos. Vienen en busca de empleo, pero no cualquier empleo, sino uno donde puedan aplicar los oficios que aprendieron en aquel país, o al menos seguir practicando su inglés.

La Encuesta Intercensal del Inegi permite aproximarse a la medición de estos flujos.

Solo en 2015, la encuesta captó en la ZMM 525 migrantes de reciente arribo provenientes en su mayoría de Honduras (72%), El Salvador y Guatemala; y 8.6 mil personas que habían retornado (voluntaria e involuntariamente) de Estados Unidos, lo que representa el 81% del total de la migración de retorno en Nuevo León. Si bien este volumen de población migrante es inferior al reportado en otras entidades de México, no debería subestimarse, considerando que la llegada de estos flujos no es una cuestión momentánea y que la infraestructura disponible en la ZMM para atenderlos es insuficiente.

En Monterrey, las casas de migrantes y comedores son los principales actores sociales que brindan ayuda humanitaria a estos grupos vulnerables. Instituidas como Asociaciones Civiles (AC) o Instituciones de Asistencia Privada (IAP), en su mayoría de carácter religioso, estas organizaciones se sostienen básicamente con donativos. Los servicios que ofrecen son variados: desde hospedaje temporal y comida hasta asesoría jurídica y psicológica. Tal es el caso de Casa Nicolás, Casa INDI, Comedor de los Pobres, Casa Monarca, Casa Esperanza, Pozo de Vida y Nuevo Corazón, cuya capacidad instalada y recursos se están viendo rebasados frente a la creciente demanda.

Existen también algunas acciones gubernamentales aún incipientes en materia migratoria. El albergue El Refugio a cargo del DIF estatal, abierto originalmente para indigentes, ahora recibe también a mexicanos deportados originarios de otras entidades. Asimismo, Sedesol está comenzando a destinar recursos mediante concurso a las AC o IAP que soliciten financiamiento para desarrollar proyectos específicos con esta población.

Hay mucho por hacer. Como sociedad civil podemos empezar volteando a ver esta realidad, sensibilizarnos y apoyar en especie, con dinero o tiempo a estos albergues que, a diferencia de otros actores, llevan a la práctica desde una perspectiva intercultural la protección y defensa de los derechos humanos de las personas migrantes.

Yetzi Rosales

Profesora investigadora de El Colegio de la Frontera Norte-Monterrey

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