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Viernes , 22.02.2019 / 02:45 Hoy

Corredor Fronterizo

Con alas de migrante

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¿Migrante?, ¿inmigrante?, ¿emigrante?, ¿migración?, todas estas palabras se relacionan con el fenómeno identificado como “migración humana”, el cual consiste en el movimiento de una persona o un grupo de personas de un lugar a otro de residencia, y que puede pueden ser de un país a otro o dentro del mismo. Cuando las personas entran a un nuevo lugar se llama inmigración, por el contrario, cuando las personas salen se denomina emigración; y considerando que el ser humano en sus orígenes fue nómada, implica que dichos desplazamientos son tan antiguos como la humanidad misma.

Si bien la migración humana puede ser: temporal, permanente, voluntaria o forzada, las cifras de la Organización Internacional para las Migraciones indican que actualmente alrededor de 247 millones de personas se encuentran viviendo en un país distinto al de su nacimiento, observando que el 52% de dicha cifra son hombres y el 48% mujeres, destacando que más del 74% están entre los 20 y los 64 años, es decir, en edad productiva, son personas que tienen participación activa en las economías en que se insertan.

Existen países que generan más emigrantes y países que reciben más inmigrantes, destacando para el primer caso: India, México, Rusia, China y Bangladesh; en tanto que para el segundo: Estados Unidos, Arabia Saudita, Alemania, Rusia y Reino Unido (OIM, 2017).

La migración internacional exige cumplir con leyes tanto del país de origen, como del país receptor, de lo contrario, se considera migración ilegal, condición que en sí misma es peligrosa, ya que el recuento mundial refiere que en los últimos 15 años más de 50 mil migrantes ilegales, han perdido la vida en el intento de llegar a su lugar de destino (OIM, 2018).

En el mismo periodo de tiempo, la migración hacia Estados Unidos subió de 20 a 30 millones de personas, cuya ruta principal va del Caribe y Centroamérica, cruzando anualmente más de 450 mil por México, donde deben enfrentar el riesgo de ser víctimas de estafas, explotación por grupos de narcotraficantes, robo, secuestro, extorsión, accidentes, violencia, etcétera, pero si son mujeres se incrementa la posibilidad de ser víctimas de trata de personas, violencia sexual y embarazos producto de dicha violencia. En este país son migrantes todos los extranjeros que van de paso hacia Estados Unidos, los que deciden quedarse y regularizarse, los deportados que solicitan asilo o refugio, los nacionales de expulsión y repatriados.

Los desequilibrios sociales, económicos, políticos, ambientales y demográficos a nivel regional y mundial influyen directamente en que las personas decidan arriesgarlo todo para buscar el sueño americano, esperando obtener mejores oportunidades laborales y económicas, reunirse con sus familiares, mejores servicios de salud, brindar una mejor educación a sus hijos y un mejor futuro para su familia. Sin embargo, aquellos que logran llegar a Estados Unidos se enfrentan con barreras como el idioma, posiciones laborales y salarios bajos, aislamiento, racismo y discriminación, por señalar algunas, ya que pasaron de ser vistos como “fuerza laboral barata” a ser “criminales”.

Por el contrario, existen estudios como el publicado en: https://www.eldiario.es/andalucia/NovusOrbis/delincuencia-inmigracion-fenomenos-relacion_6_737086321.html, donde se observa que la migración y la delincuencia no tienen relación, ya que las personas inmigrantes tienen menor participación delictiva que los nativos; es decir, no aumenta la delincuencia a consecuencia de la migración, por el contrario, brinda beneficios importantes a los países receptores, aportan al bono demográfico, ya que son personas jóvenes y en edad productiva, brindan dinamismo y crecimiento económico, incrementan la productividad por competitividad, cubren déficit de empleos y generan nuevos espacios, abonan a la seguridad alimentaria, se impacta considerablemente la recaudación de impuestos, entre otros.

El tema es complejo y ha sido calificado como crisis humanitaria internacional, pero debemos tener claro que migrar no es un delito, es un derecho contemplado en la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos, que debe pasar de documentos y discursos, a traducirse en acciones efectivas, centradas en el respeto y protección de su dignidad y a los principios básicos de humanidad; debemos considerar que cada individuo en condición de migrante tiene un nombre, una historia y una gran necesidad. Seamos sensibles a esa condición desde los valores de fraternidad y solidaridad, no olvidemos que finalmente, todos llevamos en nuestro interior alas de migrante.


Rosa Isabel Medina Parra
Cátedra Conacyt - Profesora investigadora en el Colegio de la Frontera Norte



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